Cuando Nietzche escribió aquello de que «los cristianos no tenéis cara de resucitados» debió ser porque no tuvo la ocurrencia de acudir en su época a algún monasterio de clausura cerca de su casa, parecido al de Lerma, por ejemplo, y contemplar, sin más, como esas monjas no necesitan casi ni hablar para irradiar una alegría y una paz que es propia, justamente, de un resucitado.

Cuando algún insensato tienen la tentación de criticar a las monjas de clausura preguntando al viento, ¿para qué sirve una monja encerrada detrás de una reja?, o, ¿qué servicio hace al mundo los rezos de esas religiosas?, habría que mandarle una invitación para que acudiera unos minutos al locutorio de un convento. Nada más. Con un ratito de conversación con una monja basta. No hay terapia, spa o plan más reconstituyente que charlar con una mujer que vive a Dios en serio, y cuya alegría y serenidad desarman al «más comprometido con las cosas del mundo».
Y ahora que las monjas de Lerma están en el candelero, señaladas como referencia mundial por sus 181 vocaciones, la mayoría de ellas jóvenes, con mucho mundo a sus espaldas, con posibilidades de «realizarse», como dicen las feministas, en este mundonuestro que cada vez está más loco, pero que han elegido entregarse a Dios, no puedo más que alegrarme por el paso que van a dar al iniciar, con las bendiciones de
Como España es un país en donde la envidia está a la orden del día, ya han salido los agoreros de turno y los profetas de desventuras, viendo problemas por todas partes. Unos dicen que si son clarisas, deben seguir siéndolo. Por la misma regla de tres, la hoy santa Madre Teresa de Calcuta, con más de veinte años de monja en el instituto de las Irlandesas, fundado por Mary Ward, si hubiera seguido los consejos de los parlanchines de turno, rechazando la petición de Dios que le empujaba fundar una nueva congregación, hoy el mundo estaría un poco más huérfano sin la entrega de las Misioneras de
Otr
Si alguno tiene la tentación, como Nietzche, de señalar que «los cristianos no tenéis cara de resucitados», vayan a Lerma y ya verán que el filósofo estaba equivocado. Las monjas de Lerma han constuído un pequeño Paraíso en plena tierra.
Alex Rosal
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