miércoles 14 de marzo de 2012

La Clausura (libro)

Sinopsis:
La clausura es un tema que ha suscitado preguntas e interrogantes en todo tiempo. Aunque siempre presente en nuestra cultura, la vida monás­tica es todavía desconocida para muchos de nuestros contemporáneos. Resulta necesario e importante explicar qué es la clausura monástica y darla a conocer sin prejuicios. Ésta es la finalidad de este libro.
Nos movemos en el terreno de lo simbólico. Se trata de un tema que tiene su expresión e inspiración en el mundo bíblico y que se ha ido de­sarrollando a lo largo de la historia. La vida monástica claustral nos ha­ce ver que dentro de los muros, lejos de encontrar un lugar pequeño y cerrado, las personas llamadas a esta clase de vida consagrada encuen­tran un lugar privilegiado y precioso para llevar una vida que es fuente de alegría y amor a Dios y a la humanidad; un lugar para el encuentro ex­clusivo con Dios, para quien quiere amar a Dios por encima de todo. La vida monástica en clausura es un estilo de entrega total a Dios, fuente de todo don: un signo y símbolo de ese maravilloso encuentro íntimo con el Señor.
Autores: PROU, DOM JEAN 
PVP: 17.36€ ( 18.05€ con IVA ) 
ISBN: 9788479664053 
Fecha de publicación: 10/11 
Editorial: Publicaciones Claretianas 
Número de ediciones: 
Datos del libro: 390 pags; Rústica con solapas; 13.5 × 21 cm 
Idioma: Español 

domingo 11 de marzo de 2012

Los Monasterios más impresionantes del Mundo

En el siguiente enlace podéis ver una lista con los monasterios considerados los más impresionantes del mundo. Te ofrece el poder expresar tu opinión al respecto. Aunque sea solo por ver su majestuosidad y belleza merece la pena entrar:

http://listas.20minutos.es/lista/los-monasterios-mas-impresionantes-del-mundo-322844/

martes 28 de febrero de 2012

La vida en lo secreto

Escribo desde la sencillez que caracteriza la vida eremítica, en este caso la vida eremítica diocesana. 
Las personas que, previa llamada del Señor, hemos optado por esta forma de vida, hemos recibido una llamada ala simplicidad, a la sencillez en nuestra forma de vivir.
 Ciertamente que la oración de un ermitaño no sólo se esconde en su celda o aposento, sino en el conjunto de su vida, que se desarrolla día a día en lo secreto. 
La austeridad, reducida a disponer solamente de lo indispensable en su ermita y en su forma de vida, constituye el soporte principal para una oración interior continuada, porque encuentras pocas cosas en la ermita que te puedan distraer.
 El trabajo en artesanía indispensable para vivir; el rezo de las Horas canónicas, el aseo de la ermita y entornos...,todo aderezado con una soledad absoluta, te llevan a una relación de familiaridad continua con el Señor. 
Una humilde ermita en la montaña o en el campo, un santuario apartado, es suficiente paraque el eremita pueda desarrollar y cumplir su misión en la Iglesia. Ala vez, puede ejercerla labor, a veces necesaria, del cuidado y vigilancia del lugar, y su presencia puede ser también un aliciente espiritual para las almas. 

Los eremitas actuales debemos obediencia al obispo del lugar, que nos ayuda y protege, por lo cual damos siempre gracias al Señor. Las luces, a veces excesivas, que alumbran las noches nos deslumbran, porque no nos interesa lo que no se ve. Por eso mismo nos asusta quizás la vida de oración, porque sólo valoramos lo que se ve. Yo, con mi vocación, que considero un regalo de Dios, estoy inmerecidamente dentro de este grupo de orantes en la Iglesia. Creedme, a mí me sorprende que el Señor me haya elegido con tanta predilección, y me haya concedido la gracia de poder entender, desde la fe, la autenticidad en todo lo queme rodea, valorar lo pequeño, lo que no se ve en un ser humano exteriormente.
No es fácil dar la respuesta que el Señor espera de ti. No sería suficiente profesar sin más en una orden contemplativa, ni ser ermitaño en un desierto, hay que saber conjugar oración y caridad, oración y amor a tus semejantes y a todo lo creado. Muchas veces he buscado la coherencia en otras cosas, pero pienso que no debemos olvidar nunca que Deus caritas est. ¡Me da tanto miedo quedarme en la superficie! A la sociedad actual le sobran las palabras que no vayan acompañadas de vida. Los contemplativos transmitimos vida, no palabras. Os pido que me acompañéis a caminar por el desierto sin desmayar, para que la llamada del Padre al final me sorprenda caminando como buen peregrino hacia la Patria eterna.

Daniel Martí Mocholí,
ermitaño diocesano
de la archidiócesis de Valencia

domingo 26 de febrero de 2012

Monasterios. Lugares de Culto e Historia

La palabra monasterio procede del griego monasterion, de la raíz de esta palabra, mono (que significa uno solo) proviene su significado más profundo, la soledad característica de los monjes. Inicialmente un monasterio era más conocido como el hogar del ermitaño, lo que posteriormente fue hogar de acogida de las distintas ordenes eclesiásticas, los monjes además de la soledad que les caracterizaba eran ermitaños como antiguamente lo eran los que habitaban los muros de los monasterios.

Desde el inicio de la era religiosa, existieron numerosos monasterios a lo largo de todo el mundo, monasterios de oriente y monasterios de occidente. Con la era cristiana, los monasterios cristianos fueron conocidos también como abadías ya que estaban regidas por un abad o también como prioratos que eran aquellos monasterios que estaban regidos por un prior. La vida comunitaria de un monasterio se la denominaba cenobitismo, término que ponía en contraposición a la vida que llevaban antiguamente los ermitaños.

La construcción de un monasterio se compone de diversas partes y estancias que siguen por norma general un mismo patrón quitando algunas variaciones. La estructura arquitectónica debía dar comodidad a la comunidad, como si de una pequeña ciudad se tratase,  ya que el monje debía tener todo lo necesario dentro del monasterio para rendir culto a sus creencias.

La iglesia era el lugar de oración y por lo tanto, era considerada el edificio principal del monasterio. En torno a la iglesia se iba construyendo las distintas estancias necesarias para la comunidad. Su construcción comenzaba por el ábside, los monjes tenían fácil acceso a la iglesia desde sus habitáculos a través del claustro.

El claustro por norma general estaba dispuesto junto a la nave sur de la iglesia, aunque no todos los monasterios tienen el claustro al sur, en algunos fue construido al norte de la iglesia. En este espacio, se distribuían las diferentes estancias de mayor uso para la comunidad.

El claustro de un monasterio tiene planta cuadrada y cada uno de sus cuatro lados recibía el nombre de panda. En el centro del claustro solía haber un pequeño pozo y alrededor se embellecía con un pequeño jardín el cual se diversificaba en cuatro caminos. En el lado este y próximo al cuerpo de la iglesia se hallaba una pequeña estancia que realizaba la función de biblioteca o estudio, donde se guardaba tanto los libros litúrgicos para los actos religiosos como los libros de lectura.

En algunos monasterios esta pequeña estancia quedaba pequeña, por lo que era necesario el construir un espacio mayor para poder conservar los libros.

Junto al claustro y a la sala de estudio se encontraba la sala capitular, lugar de reunión de la comunidad con rica ornamentación arquitectónica, en ella era donde se leían los capítulos de las reglas monásticas y donde el abad asignaba las tareas correspondientes a cada monje.

En el lado sur del monasterio encontramos una sala llamada calefactorio, era un lugar donde los monjes podían acudir para entrar en calor y poder descansar en invierno. Junta al calefactorio se hallaba el refectorio. El refectorio era el comedor comunitario. Las celdas o estancias de los monjes estaban situadas en el piso superior del edificio.

Los monasterios disponían de amplias y numerosas estancias, entre las nombradas también podíamos encontrar pequeños huertos, la enfermería o el cementerio monacal. Un edifico perdurable a lo largo de los siglos y del tiempo, empapados de grandes historias, culturas y saberes, bellezas arquitectónicas que, a día de hoy, todavía podemos seguir disfrutando de ellas, como por ejemplo el monasterio de Monserrat o de Sant Benet en Cataluña, el monasterio de Unser Lieben Frauen en Alemania, el monasterio de Santa María de El Paular en Madrid, entre otros.

En muchos rincones del planeta encontramos tesoros arquitectónicos como éstos y los cuales hemos de proteger y guardar hasta el final de los tiempos.

http://www.articuloz.com

sábado 25 de febrero de 2012

Discurso de Benedicto XVI a la Unión de Superiores y Superioras Generales

Discurso de Benedicto XVI a los miembros del Consejo para las Relaciones entre la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y las Uniones Internacionales de Superiores y Superioras Generales

Discurso de Benedicto XVI a la Unión de Superiores y Superioras Generales
Discurso de Benedicto XVI a la Unión de Superiores y Superioras Generales
Queridos hermanos y hermanas:


Al término de esta mañana de reflexión en común sobre algunos aspectos particularmente actuales e importantes de la vida consagrada en este tiempo nuestro, quisiera ante todo dar gracias al Señor, que nos ha dado la posibilidad de celebrar el presente encuentro, muy provechoso para todos. Juntos hemos podido analizar las potencialidades y las expectativas, las esperanzas y las dificultades que hoy tienen los institutos de vida consagrada. He escuchado con gran atención e interés vuestros testimonios y experiencias y tomado buena nota de vuestras preguntas. Todos percibimos lo difícil que se vuelve anunciar y testimoniar el Evangelio en la moderna sociedad globalizada. Si ello es así para todos los bautizados, con mayor razón lo es para las personas llamadas por Jesús a seguirlo de manera más radical mediante la consagración religiosa. Y es que el proceso de secularización que se extiende en la cultura contemporánea tampoco perdona, por desgracia, a las comunidades religiosas.

Con todo, no hay que desanimarse, ya que —como oportunamente se ha recordado— si no son pocas las nubes que se ciernen sobre el horizonte de la vida religiosa, van surgiendo —y, más aún, creciendo constantemente— señales de un despertar providencial que ofrece motivos de esperanza y consuelo. El Espíritu Santo sopla poderosamente en toda la Iglesia, suscitando un nuevo compromiso de fidelidad en los institutos históricos junto con nuevas formas de consagración religiosa en consonancia con las exigencias de los tiempos. Hoy como en toda época, no faltan almas generosas dispuestas a abandonarlo todo para abrazar a Cristo y su Evangelio, consagrando a su servicio la existencia en el seno de comunidades llenas de entusiasmo, generosidad y alegría. Lo que caracteriza a estas nuevas experiencias de vida consagrada es el deseo común, compartido con adhesión solícita, de una pobreza evangélica practicada de forma radical; de amor fiel a la Iglesia; de dedicación generosa al próximo necesitado, con especial atención a esas pobrezas espirituales que caracterizan de manera acusada a la época contemporánea.

Al igual que mis venerados antecesores, yo también he reiterado en más de una ocasión que los hombres de hoy sienten una fuerte atracción religiosa y espiritual, pero sólo están dispuestos a escuchar y seguir a quien testimonie con coherencia la propia adhesión a Cristo. Y resulta interesante notar que abundan en vocaciones precisamente aquellos institutos que han sabido conservar o escoger un estilo de vida frecuentemente muy austero y siempre fiel al Evangelio vivido «sine glossa». Pienso en tantas comunidades fieles y en las nuevas experiencias de vida consagrada que bien conocéis; pienso en la labor misional de muchos grupos y movimientos eclesiales, de la que nacen no pocas vocaciones sacerdotales y religiosas; pienso en las muchachas y en los jóvenes que lo abandonan todo para ingresar en monasterios y conventos de clausura. Podemos decir con alegría que en verdad hoy también el Señor sigue mandando operarios a su viña y enriqueciendo a su pueblo con tantas vocaciones santas. Por ello le damos gracias y le pedimos que al entusiasmo de la opción inicial —muchos jóvenes emprenden, en efecto, la senda de la perfección evangélica e ingresan en nuevas formas de vida consagrada tras conmovedoras conversiones— le siga el compromiso de la perseverancia en un auténtico camino de perfección ascética y espiritual, en un camino de santidad verdadera.

En lo que respecta a las órdenes y congregaciones que cuentan con una larga tradición en la Iglesia, no se puede dejar de notar —como vosotros mismos habéis subrayado— que durante los últimos decenios casi todos ellos —los masculinos al igual que los femeninos— han atravesado por una delicada crisis debida al envejecimiento de sus miembros, a una disminución más o menos acentuada de las vocaciones y, en ocasiones, por causa también de cierto «cansancio» espiritual y carismático. Esta crisis, en algunos casos, se ha vuelto preocupante. Pero junto a las situaciones difíciles, a las que es bueno mirar con valentía y verdad, hay que registrar también señales de una recuperación positiva, especialmente en aquellos casos en los que las comunidades han optado por volver a los orígenes para vivir con mayor consonancia el espíritu de su fundador. En casi todos los recientes Capítulos Generales de institutos religiosos el tema recurrente ha sido precisamente el redescubrimiento del carisma fundacional, que debe encarnarse y realizarse de manera renovada en el tiempo presente. Factores como el redescubrimiento del espíritu original y la profundización en el conocimiento del fundador o de la fundadora han contribuido a imprimir a los institutos un nuevo impulso ascético, apostólico y misionero. De esta forma, obras y actividades que contaban con siglos de historia se han visto revitalizadas por una savia nueva, y nacen nuevas iniciativas de realización auténtica del carisma de los fundadores. Por esta senda es menester seguir caminando, pidiendo al Señor que lleve a su total cumplimiento la obra por él iniciada.

Al entrar en el tercer milenio, mi venerado antecesor el Siervo de Dios Juan Pablo II invitó a toda la comunidad eclesial a «caminar desde Cristo» (Carta apostólica Novo millennio ineunte, nn. 29 ss.: ECCLESIA 3.032 [2001/I], págs. 81 ss.). ¡Sí! También los institutos de vida consagrada, si desean mantener o recobrar su vitalidad y eficacia apostólica, deben continuamente «caminar desde Cristo». Él es la roca firme sobre la que debéis construir vuestras comunidades y todo proyecto de renovación comunitaria y apostólica. Queridos hermanos y hermanas: Gracias de corazón por el empeño que ponéis en el cumplimiento de vuestro esforzado servicio de dirección de vuestras familias religiosas. El Papa está a vuestro lado, os anima y asegura un recuerdo diario en la oración por cada una de vuestras comunidades. Al terminar este encuentro nuestro, quisiera saludar una vez más con afecto al Cardenal Secretario de Estado y al cardenal Franc Rodé, así como a cada uno de vosotros. Os pido también que saludéis de mi parte a todos vuestros hermanos y hermanas, y muy especialmente a los ancianos, que han servido durante tanto tiempo a vuestros institutos; a los enfermos, que contribuyen a la obra de la redención con sus sufrimientos, y a los jóvenes, que son la esperanza de vuestras diferentes familias religiosas y de la Iglesia. A todos os encomiendo a la maternal tutela de María, modelo excelso de consagrada, al tiempo que os bendigo cordialmente.



(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA.)