miércoles, 16 de febrero de 2011

Cuando Dios quiere algo, sucede.

Las hermanas de la congregación religiosa más joven de España viven estos momentos con inmensa alegría y gratitud. Llevan apenas dos meses y medio de andadura «oficial», puesto que Benedicto XVI dio el visto bueno al decreto de la Congregación de la Vida Consagrada por el que se aprueba la fundación de este instituto religioso en diciembre de 2010. «Cuando Dios quiere algo, sucede», comentaba estos días a ABC una de las hermanas de Iesu Communio (Comunión de Jesús), como han decidido llamarse. Se trata de una congregación de «derecho Pontificio», lo que significa que pueden fundar conventos en otras diócesis. Llevan además una vida contemplativa (oración y penitencia) y de clausura. Sin embargo, según sus constituciones, no viven entre rejas, hacen apostolado en su propio convento y con toda probabilidad se encontrarán con el Papa en su próxima visita a Madrid en agosto.
La Catedral de Burgos se quedó ayer pequeña para acoger a las cientos de personas que quisieron sumarse a la misa de acción de gracias por el nacimiento de un nuevo instituto religioso, Iesu Communio, fundado por la madre Verónica Berzosa, y al que pertenecen casi doscientas hermanas, la mayoría jóvenes universitarias.
El arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín, presidió la solemne Eucaristía, que fue concelebrada por el nuncio de Su Santidad en España, Renzo Fratini; el presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Antonio María Rouco Varela; el arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez González, y el obispo electo de Ciudad Rodrigo y hermano de sor Verónica, Raúl Berzosa.
El nuncio de Su Santidad en España, Renzo Fratini, para quien la nueva comunidad es un símbolo de «esperanza» para la Iglesia, inició la misa con la lectura del decreto de aprobación de este nuevo instituto religioso por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y con el beneplácito del Papa Benedicto XVI.
Uno de los momentos más intensos de la ceremonia fue el rito de la profesión con el que las hermanas «expresaron que se mantienen en su voluntad de vivir la consagración hasta el final en el nuevo instituto». Al unísono las casi 200 hermanas respondieron «sí, quiero» a las preguntas de monseñor Gil Hellín y sus voces resonaron en la Catedral de Burgos, abarrotada de gente sentada y de pie en todos los pasillos del templo, y que en varias ocasiones aplaudieron a las religiosas como símbolo de cariño.
Acto seguido tuvo lugar la bendición de los anillos y las cruces que adornan su hábito, realizado en tela vaquera y con una característica pañoleta azul en la cabeza, que es un reflejo más de su juventud. Los anillos son alianzas blancas, símbolo de la victoria de Jesucristo resucitado, y llevan grabado el nombre de la congregación, Iesu Communio, que significa «la comunión de Jesús». Sor Verónica, la madre superiora, fue la encargada de imponer el anillo a cada una de las 177 hermanas que fueron subiendo al presbiterio durante las letanías de los santos a quienes pidieron su intercesión para que la nueva congregación «crezca y se fortalezca». Lo mismo pidió para ellas el arzobispo de Burgos, quien añadió en su homilía el deseo de que la congregación «se extienda por todo el mundo».
Con esta ceremonia las hermanas compartieron con la Iglesia y con la sociedad en general representada entre otros por el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y el alcalde de Burgos, Juan Carlos Aparicio, su «gozo» por la creación de esta nueva congregación y agradecieron la «exquisitez y solicitud» con la que están siendo cuidadas. En la Conferencia Episcopal no escondían estos días la alegría ante el nacimiento de esta nueva realidad eclesial. «No hay un fenómeno similar en España en los últimos años», comentaban a ABC con entusiasmo.

Rápido crecimiento

«Ha sido un largo camino el que nos ha traído a este día», comentó sor Verónica en su mensaje al final de la misa. Sus palabras resumían el devenir de un grupo de cerca de doscientas monjas, todas menores de 35 años y muchas de las cuales sintieron la llamada de Dios en las Jornadas Mundiales de la Juventud. Así fueron llegando progresivamente al convento de las Clarisas en Lerma (Burgos) atraídas por el carisma de Sor Verónica, quien ingresó en la orden con apenas 18 años y desde 1994 ejercía como maestra de novicias.
El rápido y continuo crecimiento de las vocaciones hizo enseguida que el espacio vital resultara insuficiente y aceptaron el ofrecimiento de los hermanos franciscanos a quienes terminaron comprando el convento de San Pedro Regalado en La Aguilera, situado a apenas 39 kilómetros de Lerma. El 4 de diciembre de 2010, el Papa dio el visto bueno para que formaran una nueva congregación religiosa.
BURGOS/MADRID

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