miércoles, 26 de noviembre de 2008

Que los monasterios sean oasis de vida ascética

Ciudad del Vaticano, 20-11-2008.- El Papa recibió hoy a los participantes en la asamblea plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (18-20 de noviembre), que este año conmemoran el centenario de vida y de actividad del dicasterio.

Tras recordar el tema de la plenaria: “La vida monástica y su significado en la Iglesia y en el mundo de hoy”, el Santo Padre dijo que “los consagrados constituyen una porción escogida del Pueblo de Dios: sostener y custodiar su fidelidad a la llamada divina es el compromiso fundamental que lleváis a cabo”.

Benedicto XVI afirmó que de las conclusiones de los trabajos de estos días, “centrados especialmente en la vida monástica femenina, surgirán indicaciones útiles para cuantos, monjes y monjas, “buscan a Dios”, realizando su vocación por el bien de toda la Iglesia”. En este contexto recordó que el pasado mes de septiembre, durante su discurso al mundo de la cultura en París, hizo hincapié en “la ejemplaridad de la vida monástica en la historia, subrayando que su objetivo es sencillo y esencial al mismo tiempo: quaerere Deum, buscar a Dios y buscarlo por medio de Jesucristo que lo ha revelado, buscarlo fijando la mirada en las realidades invisibles que son eternas, en la espera de la manifestación gloriosa del Salvador”.

“Cuando los monjes viven el Evangelio de modo radical, cuando los que se dedican a la vida integralmente contemplativa cultivan en profundidad la unión esponsal con Cristo, (...) el monaquismo puede constituir para todas las formas de vida religiosa y de consagración una memoria de lo que es esencial y tiene el primado en cada vida bautismal: buscar a Cristo sin anteponer nada a su amor”.

El Papa puso de relieve que “la vida indicada por Dios para esta búsqueda y para este amor es su misma Palabra, que en los libros de las Sagradas Escrituras se ofrece con gran abundancia a la reflexión de los seres humanos”.

Durante el reciente sínodo sobre la Palabra de Dios, los participantes, dijo, “renovaron el llamamiento a todos los cristianos a enraizar su existencia en la escucha de la Palabra de Dios contenida en las Sagradas Escrituras, invitando especialmente a las comunidades religiosas y a todos los hombres y mujeres consagrados a hacer de la Palabra de Dios el alimento cotidiano, en particular por medio de la práctica de la lectio divina”.

El Santo Padre concluyó manifestando el deseo de que “los monasterios sean cada vez más oasis de vida ascética, donde se advierte el encanto de la unión esponsal con Cristo y donde la elección del Absoluto de Dios está envuelta por un clima de silencio y de contemplación constante”.
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