martes, 8 de enero de 2013

Forzar la contemplación


Hay épocas en el desarrollo de la vida espiritual de las personas…, en que por razón de un mal entendido amor al Señor, alcanzar la oración contemplativa y por ende el estado de vida contemplativo, se constituye en una especie de objetivo que hay que alcanzar a toda costa. Y como es lógico el objetivo no se alcanza, porque se olvidan de algo fundamental, y es que la contemplación es un don divino y como tal el Señor lo da a quién cree conveniente dárselo, como y cuando Él lo cree oportuno. Y ya se pueden hacer los esfuerzos que se crean necesarios y aplicar las técnicas de oración que se hayan leído, que nada se consigue, entre otras razones porque la única técnica que se debe de emplear en la oración es amar, ser humildes en nuestras pretensiones y esperar pacientemente. 40 años estuvo esperando Santa Juana Chantal, fundadora de la orden de la Visitación, a tener, no ya un momento de contemplación, si ni siquiera una simple consolación.
           
 Se lee mucho sobre la contemplación y llega un momento que uno piensa que la contemplación, es el no va más de la oración y de la vida espiritual y que hay que llegar a ella, cueste lo que cueste. ¡Qué gravísimo error! Nos olvidamos de algo tan fundamental, como es la aceptación de la voluntad de Dios y que la oración contemplativa, solo se adquiere, si Él estima que nos es conveniente ser contemplativos, y si no lo estima, aceptemos humildemente su decisión y no tratemos de forzar su voluntad, porque Él nos ama mucho más de lo que nosotros podemos amarnos a nosotros mismos. El otorga la contemplación a quien cree conveniente, y si no nos la otorga, estar seguros de que algo mejor nos tiene preparado. Paciencia, sobre todo paciencia amarle, pase lo que pase y nos envíe los que nos envíe, o no nos envíe lo que creemos que ha de donarnos.
            
Estamos acostumbrados a lo que ocurre en la vida humana, donde a una acción determinada siempre viene una reacción inmediata y nos creemos que igual ocurre en la vida de nuestra alma. En este mundo material, si un joven estudia cinco años de una carrera universitaria, hace después un doctorado, y adorna los conocimientos adquiridos, con un par de masters, fuera de España, tiene garantizada la papanata admiración de sus conciudadanos, que creen que este joven ha llegado al sumun  de conocimientos para andar por este mundo. Se olvidan de que hay otras muchas personas que sin carrera universitaria, están más capacitados, para andar por este mundo en su aspecto material, que el que solo ha hecho otra cosa que estudiar y no  ha tenido ningún contacto con la dureza de la vida real.
            
En la vida espiritual, no hay que cumplir unos determinados requisitos ni superar unas pruebas, para que alcancemos la titulación de contemplativos y ello es así, en atención a una serie de principios que no hemos de olvidar. El principal de ellos ya lo hemos mencionado: “La contemplación es un don” y como tal, su adquisición solo depende de que el Señor estime oportuno concederla y no del cumplimiento de unos determinados requisitos. Solo hay que hacer una cosa y esa es amar y amar mucho y ante todo  al Señor y por ello solo hay un camino para seguir, que es el de amar y pacientemente esperar con perseverancia.
          
  Se lee en escritos y tratados de oración, que es fundamental vaciarse uno interiormente, porque Dios no acude a un alma nada más que cuando esta está vaciada de todo apego mundano. ¡Claro! no va a acudir a un alma que vive continuamente en pecado sin arrepentirse. Pero es el caso de que si habitualmente vivimos en gracia de Dios, Él está ya inhabitando en el interior de nuestra alma y no acude a nosotros porque hagamos esfuerzos por vaciarnos interiormente, porque ya está ahí. Desde luego que la Santísima Trinidad mora de distinta forma, en toda alma en estado de gracia. A este respecto Santa Benedicta de la Cruz –Edith Stein- nos dice: “Verdad es que Dios en todas las almas mora en secreto y encubierto, que de no ser así, no podrían ellas subsistir. Pero “en unas mora solo, en otras no mora solo; en unas mora agradado y en otras mora desagradado; en unas mora como en su casa mandándolo y rigiéndolo todo, y en otras mora como extraño en casa ajena, donde no le dejan mandar ni hacer nada. El alma donde menos apetitos y gustos moran, es donde Él más solo y agradado y más como en casa propia mora, rigiéndola y gobernándola y tanto más secreto mora cuanto más solo”…. Ni el demonio ni el entendimiento del hombre pueden saber ni sospechar lo que allí pasa, más para la misma alma no es cosa tan secreta, porque siempre siente en sí este abrazo”. En este mismo libro escribe también la santa carmelita descalza: “El alma vive su vida de gracia, por el Espíritu Santo, ama en Él al Padre, con el amor del Hijo y al Hijo con el amor del Padre. Este participar de la vida trinitaria, puede realizarse sin que el alma experimente en si la presencia de las divinas personas. De hecho solo un reducido número de elegidos es el que llega a la percepción experimental de Dios trino en el fondo íntimo de sus almas”.
            Hacer esfuerzos por vaciarnos interiormente, para conseguir la contemplación, si logramos vaciarnos, es querer forzar la voluntad del Señor. Religiosos católicos misionando en la India, quizás por un síndrome de Estocolmo han cometido el error de querer aplicar técnicas hindúes al ejercicio de nuestra oración. A este respecto Jean Lafrance escribe: “Me maravilla hoy el ver a tantos religiosos y religiosas, que corren detrás de todas las técnicas orientales (que no desprecio) para aprender a orar. Si quieres encontrar modelos de auténticos contemplativos, no te fijes demasiado en los sufíes o hindúes; mira a tu perro; él te esclarecerá de una manera más sencilla y concreta sobre lo que Dios espera de ti, que es muy sencillo pero también muy humillante. Es verdaderamente humillante ser un pobre perro, que no puede hacer nada para salir de la situación: no puede más que esperar, echarse ante la puerta y gemir…. Pero ¡que alegría cuando la puerta se abre!, Su larga espera se ve recompensada”.
            
Y en otro libro vuelve sobre este tema y nos dice: “Te quejas a menudo de no poderte concentrar; y eso es precisamente lo que no hay que hacer en la oración: ni dispersarse ni concentrarse. En el mundo de la oración hay que desterrar la concentración. Seguramente has visto a los jugadores de ajedrez o de tenis concentrarse; al cabo de una hora o dos, no pueden más de fatiga. Ante el Santísimo Sacramento te sentirás tentado de concentrarte de esta manera y por eso te quejas de que tienes distracciones. ¡Gracias a Dios! Peor sería lo contrario. Esa es la diferencia diametral que existe entre los místicos cristianos y los sufíes o los hindúes. Míralos tienen ciertamente conciencia de ser contemplativos, concentrados en si mismo, mientras que la contemplación cristiana es el descentramiento de sí sobre Dios. Me preocupa el éxito de los métodos orientales entre los cristianos, pues se sitúan en las antípodas de la verdadera contemplación. En la oración cristiana, la concentración viene de Dios y no de ti”.
            
Para Pedro Finkler: “Se impone, por tanto, un esfuerzo de discernimiento. El yoga es yoga; la meditación trascendental es una cosa, y la meditación cristiana, la oración personal del cristiano es algo sustancialmente diverso de esas prácticas del misticismo oriental pagano. La oración y la contemplación cristianas miran al encuentro con Dios en la Santa Humanidad de Jesucristo, dentro de la persona. En cambio las prácticas de la mística pagana ni miran al antedicho objetivo ni tienen medios para realizarlo. Es pura ilusión querer rezar por medio de estas técnicas y prescindiendo de la Palabra de Dios”.
           
 En resumidas cuentas, solo hay un camino que es el del amor. Amar y esperar con perseverancia aceptado en todo momento la divina voluntad y si el Señor no nos considera dignos de orar contemplativamente, no pensemos que por ejemplo Santa Teresa vivía continuamente en estado de contemplación. Todos somos criaturas con almas tan diferentes como lo son nuestros cuerpos y cada uno sentirá la contemplación si le llega de forma diferente. Es más hay personas que oran contemplativamente y aún no se han enterado de que son contemplativos.
Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Autor: Juan del Carmelo
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=24525

2 comentarios:

Robert Nicodemo dijo...

Publicamos em muestro blog como un monje budista termino de Hno. contemplativo del Monte Athos se hizo cristiano, "para no estar solo", pues su vaciamiento lo dejaba sin nada.
Precioso articulo, y muy ilustrativo.
Me encantaria publicarlo en nuestro blog, con su amable permiso.
Muchas bendiciones, en Jesus, y la Theotokos,
Robert

Rosario dijo...

La Paz Robert. Como ve al final del post, la reflexión está cogida de la web: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=24525, por lo que al igual que lo he divulgado yo, poniendo la Fuente, no hay problema. En cuantos más blogs se encuentre colgado a más hermanos llegará haciendo bien a sus almas. Un abrazo. Rosario