sábado, 24 de julio de 2010

Los Ejercicios (Espirituales) hoy, -una experiencia renovada-


Introducimos este apartado con la palabra autorizada del P. Peter-Hans Kovenbach, Superior General de la Compañía de Jesús. Dice así: “El libro de los Ejercicios, compuesto en los albores del Renacimiento y en la época de la Reforma, debería haber pasado de moda ya hace tiempo. Sin embargo, conserva plenamente su actualidad. Porque en la vida concreta de cada día los Ejercicios ayudan a releer personalmente toda la obra de salvación, para descubrir la voluntad amorosa de la divina Majestad sobre cada uno de nosotros, por medio de un conocimiento cada vez más personal del Señor Jesús, bajo la moción sensible del Espíritu y, cuando reconocemos su acción siguiendo las enseñanzas de los Ejercicios, nos impulsa a encarnar por medio de la elección que Él nos inspira, el mayor servicio que actualiza hoy en nuestra vida la Obra de Cristo. Los Ejercicios espirituales
ayudarán también a formar cristianos alimentados por una experiencia personal de Dios y capaces, al mismo tiempo, de distanciarse de los falsos absolutos de las ideologías y sistemas, para comprometerse en el esfuerzo apostólico único de la promoción integral –espiritual, social y cultural- del hombre y de la humanidad”.
No cabe duda que las valoraciones positivas de los Ejercicios que aparecen por un lado y por otro nos ayudan a reconocer el valor objetivo que han tenido y siguen teniendo en la actualidad. Pero, siendo realistas, hay que reconocer que ha habido etapas, no muy lejanas a la nuestra -tal vez preconciliares- en las que la experiencia subjetiva de los mismos ha dejado en bastantes personas –adultos, jóvenes y hasta niños- una huella profundamente negativa y un rechazo casi instintivo de los mismos. Una etapa que bien se la puede calificar como la “etapa del miedo”, al que se solía acudir como resorte psicológico para asustar y provocar reacciones fulgurantes ante los objetivos o fines que en ellos se proponían. ¡Quizás un “mea culpa” ayudará a borrar ese pasado un tanto tenebroso!

Nuevos impulsos
Hoy las cosas han cambiado y el tono general es más positivo. Y son muchas las causas que han provocado este cambio. La principal, las nuevas corrientes y los nuevos aires renovadores suscitados por el Concilio Vaticano II. A dichas corrientes y dichos aires de renovación se apuntó la Compañía de Jesús, capitaneada en esos momentos por el P. Pedro Arrupe, que inició un proceso de revitalización de los Ejercicios como nunca hasta entonces se había dado. Y lo hizo animando a mantener viva la tensión entre la profundización en las fuentes –el ayer- y el hoy de los mismos. A partir de aquí, empezó a aparecer un auténtico aluvión de estudios desde todas las ramas del saber –divinas y humanas- que fueron poniendo al descubierto la riqueza, la vitalidad y la actualidad de los mismos. Todo ello provocó también una auténtica cadena de encuentros nacionales e internacionales, de cursos de formación permanente, de Centros de Espiritualidad… que siguen manteniendo viva la llama encendida por el P. Arrupe, no sólo por su ilustre sucesor el P. Kolvencbach, sino por la gran mayoría de los jesuitas que sienten todo lo relacionado con los Ejercicios como su principal tarea y como su primer ministerio apostólico.

Algunas consecuencias: No todo ha quedado solamente en una especie de revalorización teórica del libro de los ejercicios, sino que ha traído consigo una serie de consecuencias prácticas fácilmente detectables. Una primera consecuencia, y quizás la más palpable, es el nuevo talante que se ha creado tanto en el modo de darlos como en el modo de recibirlos.

Una segunda consecuencia es la superación de la excesiva vinculación que se hacía entre los ejercicios y los jesuitas como si éstos tuvieran la exclusiva de los mismos, sobre todo a la hora de darlos. Es una buena noticia el confirmar que ya va siendo cada día mayor el número de mujeres (religiosas y laicas), de sacerdotes, religiosos y laicos que dan los ejercicios, después de haberse formado adecuadamente para este ministerio. Y no sólo se ha abierto el abanico de los que los dan, sino que se ha incrementado enormemente el abanico de las personas que los reciben, quedando así cada vez más patente el sentido de universalidad que siempre les ha caracterizado.

Una tercera consecuencia, quizás la más novedosa y práctica, es la relacionada con los “Ejercicios en la vida corriente”. No son algo nuevo, desde el punto de vista histórico, pues es un modo y una posibilidad prevista y descrita por Ignacio en el mismo libro de los Ejercicios, pero sí la vitalidad y el auge que han tomado en los últimos tiempos. En el tratado sobre las “Anotaciones” con que se abre el libro, en las 18, 19 y 20 se explicitan los diversos modos de hacerlos atendiendo a la variedad de los destinatarios, a su capacidad para hacerlos, así como a sus posibilidades reales de tiempo... Nos es más conocida la fórmula del “mes de ejercicios” completo y en retiro (Anotación 20); o la de tres, cuatro o cinco días, más para iniciados. Los llamados “Ejercicios leves” (Anotación 18). Es en la anotación 19 en la que se describe la posibilidad de hacerlos completos, pero en la vida corriente, es decir, sin dejar los trabajos y ocupaciones de cada día. Esta oferta, cada vez más extendida, está abierta a todo tipo de personas y ha sido muy bien acogida por muchos laicos y laicas que no les sería fácil hacerlos completos y en retiro. Tienen su propia estructura (ritmo y tiempo de oración, de acompañamiento…), pero todo queda al mutuo acuerdo entre el que los da y el que los recibe.

Última novedad
Una adaptación de los EE que está dando muy buenos resultados, es el modo de hacerlos
–bien los “leves”, bien los “completos”- en la vida diaria, pero en grupo. Un grupo coordinado por un guía, a quien se le entrega y administra el itinerario que cada componente del grupo ha de hacer a nivel de oración y examen personal. La novedad está en el encuentro semanal que el grupo tiene con su guía, donde rezan en común, comparten la experiencia personal de la semana, aclaran –disciernen- situaciones vividas y programan el camino a recorrer durante la semana siguiente. Este método se ha introducido, fundamentalmente, en parroquias tanto urbanas como rurales, así como en centros universitarios y grupos juveniles de todo tipo. El proceso suele durar dos o tres años, tiempo suficiente para que cada ejercitante se familiarice con la experiencia de oración –en clave ignaciana- y dinamice desde ahí su vida cristiana.
http://www.jesuitas.es/pages/ejercicios/ejercicios-hoy.php

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