Sacerdotes católicos y pastores protestantes encabezan un ránking envidiable a nivel mundial: el de la felicidad que proviene del trabajo desempeñado. Así lo ha demostrado el estudio llevado a cabo por la National Organization for Research, de la Universidad de Chicago, que ha elaborado un top ten con las profesiones más gratificantes, a partir de los resultados de sus encuestas.
A la cabeza de la lista, como los trabajadores más felices del mundo, se encuentran los clérigos tanto católicos como protestantes, seguidos por bomberos, fisioterapeutas, escritores, educadores especiales, maestros, artistas, psicólogos, agentes financieros e ingenieros de operaciones. Profesiones dispares pero con dos características en común: la baja remuneración y la entrega a los demás.
Por el contrario, entre los 10 trabajos más odiados abundan puestos directivos y salarios altos: directores de ventas y marketing, productores, managers, técnicos especialistas o electrónicos, desarrolladores web, analistas de soporte técnico, maquinistas o gerentes.
Los resultados del estudio han sido publicados en la célebre revista Forbes, donde un comentarista se pregunta si es que los empleos "ganadores" atraen naturalmente a personas de por sí "felices". Y es que muchos interrogantes quedan planteados a la vista de que las profesiones con menos trato humano acarrean mayor insatisfacción, mientras que las más vocacionales (aunque peor pagadas) parecen ser garantía de felicidad.
Los trabajos más felices:
1. Sacerdotes y pastores
2. Bomberos
3. Fisioterapeutas
4. Escritores
5. Instructores de educación especial
6. Maestros
7. Artistas
8. Psicólogos
9. Agentes financieros
10. Ingenieros de operaciones
Los trabajos más odiados:
1. Director de Tecnología de la Información
2. Director de Ventas y Marketing
3. Productor / Manager
4. Desarrollador Web
5. Técnico Especialista
6. Técnico en Electrónica
7. Secretario Jurídico
8. Analista de Soporte Técnico
miércoles, 14 de diciembre de 2011
martes, 13 de diciembre de 2011
Las vírgenes consagradas, don de Dios para la Iglesia
Las vírgenes consagradas son un don de Dios para nuestras comunidades cristianas. La nueva floración de esta antigua vocación en la Iglesia es un regalo del Espíritu Santo que todos hemos de acoger, acompañar y agradecer.
Queridos hermanos y hermanas: Dedico esta carta semanal al Orden de las vírgenes, una institución eclesiástica hoy poco conocida a pesar de ser casi tan antigua como la misma Iglesia.
Ligada íntimamente al ministerio del Obispo y a la Iglesia particular, tuvo una extraordinaria importancia en los primeros siglos. Fue, de hecho, la más antigua forma de vida consagrada. Al Orden de las vírgenes pertenecieron las santas Inés, Lucía y Cecilia y otras muchas que, como ellas, son recordadas y honradas en las más bellas y antiguas iglesias de Roma.
A partir del siglo IV, con la aparición de otras formas de vida consagrada, en comunidad o en soledad, fue perdiendo relevancia hasta desaparecer prácticamente a lo largo del siglo V. El Orden de las vírgenes fue restaurado por el Concilio Vaticano II (SC 80), goza de ritual propio, publicado en el año 1970, enormemente rico y sugestivo, y está contemplado en el código de Derecho Canónico (c. 604). Hoy son tres mil en toda la Iglesia y son un pequeño grupo en nuestra Archidiócesis, que Dios quiera que crezca en los próximos años. Cuenta para ello con mi apoyo más explícito.
Las vírgenes consagradas viven en medio del mundo. No pertenecen a ninguna familia religiosa, ni dejan su familia o su trabajo profesional. No hacen voto de pobreza, aunque tratan de vivir despegadas de los bienes materiales. Tampoco hacen voto de obediencia, aunque están especialmente vinculadas al Obispo, que puede señalarles un campo concreto de apostolado, casi siempre al servicio de su propia parroquia o de un sector concreto de la pastoral diocesana. Sí se les pide vivir el consejo evangélico de la castidad que, si bien no es voto, la tradición siempre lo ha considerado muy próximo a él.
El ritual de la consagración de las vírgenes considera esta forma de vida como un desarrollo y profundización de la alianza bautismal que el Espíritu Santo sugiere a algunos bautizados a quienes llama a un amor esponsal, absoluto, irrevocable y definitivo con Jesucristo, viviendo la virginidad por el Reino de los cielos, a imitación del Señor, de su Madre bendita y de toda una pléyade de mujeres santas, que en la edad antigua de la Iglesia han escrito una de las páginas más gloriosas de su historia.
El carisma de la virginidad es un don de Dios. Nadie puede pretender este estilo de vida si el Señor no le llama, pues supera todas las capacidades del ser humano. Toda persona, hombre o mujer, ha nacido para el amor esponsal. Todos llevamos cincelada en nuestra naturaleza esta cualidad. Hemos nacido para amar. Para la mayor parte de las personas la vía ordinaria es el matrimonio. Pero a algunos cristianos, el Señor les concede el don de la virginidad. Gracias a este don, viven una relación esponsal personal y exclusiva con Él, entregándole su corazón y su afectividad con un amor total, exclusivo e indiviso.
Las vírgenes consagradas son un don de Dios para nuestras comunidades cristianas. La nueva floración de esta antigua vocación en la Iglesia es un regalo del Espíritu Santo que todos hemos de acoger, acompañar y agradecer. Además del servicio humilde y silencioso, pero siempre abnegado y eficaz, que prestan a las Diócesis o a sus parroquias en los más diversos ministerios, su sola presencia edifica a la Iglesia ya que con su testimonio nos están recordando a todos que el Señor es el primer y supremo valor de nuestra vida y que merece ser amado con el mismo amor con que Él nos ama.
Ligada íntimamente al ministerio del Obispo y a la Iglesia particular, tuvo una extraordinaria importancia en los primeros siglos. Fue, de hecho, la más antigua forma de vida consagrada. Al Orden de las vírgenes pertenecieron las santas Inés, Lucía y Cecilia y otras muchas que, como ellas, son recordadas y honradas en las más bellas y antiguas iglesias de Roma.
A partir del siglo IV, con la aparición de otras formas de vida consagrada, en comunidad o en soledad, fue perdiendo relevancia hasta desaparecer prácticamente a lo largo del siglo V. El Orden de las vírgenes fue restaurado por el Concilio Vaticano II (SC 80), goza de ritual propio, publicado en el año 1970, enormemente rico y sugestivo, y está contemplado en el código de Derecho Canónico (c. 604). Hoy son tres mil en toda la Iglesia y son un pequeño grupo en nuestra Archidiócesis, que Dios quiera que crezca en los próximos años. Cuenta para ello con mi apoyo más explícito.
Las vírgenes consagradas viven en medio del mundo. No pertenecen a ninguna familia religiosa, ni dejan su familia o su trabajo profesional. No hacen voto de pobreza, aunque tratan de vivir despegadas de los bienes materiales. Tampoco hacen voto de obediencia, aunque están especialmente vinculadas al Obispo, que puede señalarles un campo concreto de apostolado, casi siempre al servicio de su propia parroquia o de un sector concreto de la pastoral diocesana. Sí se les pide vivir el consejo evangélico de la castidad que, si bien no es voto, la tradición siempre lo ha considerado muy próximo a él.
El ritual de la consagración de las vírgenes considera esta forma de vida como un desarrollo y profundización de la alianza bautismal que el Espíritu Santo sugiere a algunos bautizados a quienes llama a un amor esponsal, absoluto, irrevocable y definitivo con Jesucristo, viviendo la virginidad por el Reino de los cielos, a imitación del Señor, de su Madre bendita y de toda una pléyade de mujeres santas, que en la edad antigua de la Iglesia han escrito una de las páginas más gloriosas de su historia.
El carisma de la virginidad es un don de Dios. Nadie puede pretender este estilo de vida si el Señor no le llama, pues supera todas las capacidades del ser humano. Toda persona, hombre o mujer, ha nacido para el amor esponsal. Todos llevamos cincelada en nuestra naturaleza esta cualidad. Hemos nacido para amar. Para la mayor parte de las personas la vía ordinaria es el matrimonio. Pero a algunos cristianos, el Señor les concede el don de la virginidad. Gracias a este don, viven una relación esponsal personal y exclusiva con Él, entregándole su corazón y su afectividad con un amor total, exclusivo e indiviso.
Las vírgenes consagradas son un don de Dios para nuestras comunidades cristianas. La nueva floración de esta antigua vocación en la Iglesia es un regalo del Espíritu Santo que todos hemos de acoger, acompañar y agradecer. Además del servicio humilde y silencioso, pero siempre abnegado y eficaz, que prestan a las Diócesis o a sus parroquias en los más diversos ministerios, su sola presencia edifica a la Iglesia ya que con su testimonio nos están recordando a todos que el Señor es el primer y supremo valor de nuestra vida y que merece ser amado con el mismo amor con que Él nos ama.
+ Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Las mujeres que ingresan en un convento en EE UU tienen un «alto nivel educativo»
Los obispos de Estados Unidos han realizado un amplio muestreo para comprobar el nivel de cualificación de las religiosas... es muy alto.
Con licenciaturas y postgrados: perfil vocacional de las que entran al convento en Estados Unidos
Las mujeres que han ingresado a un convento o algún estilo de vida consagrada en la Iglesia católica de Estados Unidos en 2010 poseen un «alto nivel educativo», según el sondeo «The Profession Class of 2010: Survey of Women Religious Professing Perpetual Vows» («Clase 2010: Encuesta a las Religiosas que Profesaron Votos Perpetuos»), del Center for Applied Research in the Apostolate (CARA), con sede en la universidad de Georgetown.
El sondeo realizado a petición del Secretariado para el Clero, la Vida Consagrada y las Vocaciones de la Conferencia Episcopal Estadounidense, dice que un 25% de las religiosas «tiene al menos un título de postgrado antes de ingresar a su instituto religioso. Y seis de cada diez ingresaron a la vida religiosa con al menos una licenciatura o diplomatura universitaria (bachelor´s degree)».
El cuestionario para la realización de este estudio se mandó a mujeres consagradas de las dos conferencias nacionales de religiosas que hay en la Unión Americana: The Leadership Conference of Women Religious y The Council of Major Superiors of Womens Religious. También se mandó a conventos de clausura. El estudio abarca a 52 diferentes comunidades de religiosas.
«The Profession Class of 2010: Survey of Women Religious Professing Perpetual Vows» también aporta datos de relevancia como que la mitad asistió a un colegio católico, una activa participación en la vida parroquial, en grupos de apostolado y de oración, e incluso el 52% de las encuestadas afirmó que fue otra religiosa quien las alentó a considerar la vida consagrada como vocación específica.
Jorge Enrique Mújica/ReL
Con licenciaturas y postgrados: perfil vocacional de las que entran al convento en Estados Unidos
Las mujeres que han ingresado a un convento o algún estilo de vida consagrada en la Iglesia católica de Estados Unidos en 2010 poseen un «alto nivel educativo», según el sondeo «The Profession Class of 2010: Survey of Women Religious Professing Perpetual Vows» («Clase 2010: Encuesta a las Religiosas que Profesaron Votos Perpetuos»), del Center for Applied Research in the Apostolate (CARA), con sede en la universidad de Georgetown.
El sondeo realizado a petición del Secretariado para el Clero, la Vida Consagrada y las Vocaciones de la Conferencia Episcopal Estadounidense, dice que un 25% de las religiosas «tiene al menos un título de postgrado antes de ingresar a su instituto religioso. Y seis de cada diez ingresaron a la vida religiosa con al menos una licenciatura o diplomatura universitaria (bachelor´s degree)».
El cuestionario para la realización de este estudio se mandó a mujeres consagradas de las dos conferencias nacionales de religiosas que hay en la Unión Americana: The Leadership Conference of Women Religious y The Council of Major Superiors of Womens Religious. También se mandó a conventos de clausura. El estudio abarca a 52 diferentes comunidades de religiosas.
«The Profession Class of 2010: Survey of Women Religious Professing Perpetual Vows» también aporta datos de relevancia como que la mitad asistió a un colegio católico, una activa participación en la vida parroquial, en grupos de apostolado y de oración, e incluso el 52% de las encuestadas afirmó que fue otra religiosa quien las alentó a considerar la vida consagrada como vocación específica.
Jorge Enrique Mújica/ReL
lunes, 28 de noviembre de 2011
FELIZ Y SANTO ADVIENTO 2011
Les deseo un Feliz y Santo Adviento 2011, que preparen con alegría sus corazones para la venida de Nuestro Salvador.
¡VEN, VEN SEÑOR, NO TARDES!
Esquema de Adviento
Inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y termina antes de las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad) tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.
El tiempo de Adviento tiene una duración de cuatro semanas. Este año, comienza el domingo 01 de diciembre, y se prolonga hasta la tarde del 24 de diciembre, en que comienza propiamente el tiempo de Navidad. Podemos distinguir dos periodos. En el primero de ellos, que se extiende desde el primer domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre, aparece con mayor relieve el aspecto escatológico y se nos orienta hacia la espera de la venida gloriosa de Cristo. Las lecturas de la misa invitan a vivir la esperanza en la venida del Señor en todos sus aspectos: su venida al final de los tiempos, su venida ahora, cada día, y su venida hace dos mil años.
En el segundo periodo, que abarca desde el 17 hasta el 24 de diciembre inclusive, se orienta más directamente a la preparación de la Navidad. Su nos invita a vivir con más alegría, porque estamos cerca del cumplimiento de lo que Dios había prometido. Los evangelios de estos días nos preparan ya directamente para el nacimiento de Jesús.
En orden a hacer sensible esta doble preparación de espera, la liturgia suprime durante el Adviento una serie de elementos festivos. De esta forma, en la misa ya no rezamos el Gloria, se reduce la música con instrumentos, los adornos festivos, las vestiduras son de color morado, el decorado de la Iglesia es más sobrio, etc. Todo esto es una manera de expresar tangiblemente que, mientras dura nuestro peregrinar, nos falta algo para que nuestro gozo sea completo. Y es que quien espera es porque le falta algo. Cuando el Señor se haga presente en medio de su pueblo, habrá llegado la Iglesia a su fiesta completa, significada por solemnidad de la fiesta de la Navidad.
Tenemos cuatro semanas en las que Domingo a Domingo nos vamos preparando para la venida del Señor. La primera de las semanas de adviento está centrada en la venida del Señor al final de los tiempos. La liturgia nos invita a estar en vela, manteniendo una especial actitud de conversión. La segunda semana nos invita, por medio del Bautista a «preparar los caminos del Señor»; esto es, a mantener una actitud de permanente conversión. Jesús sigue llamándonos, pues la conversión es un camino que se recorre durante toda la vida. La tercera semana preanuncia ya la alegría mesiánica, pues ya está cada vez más cerca el día de la venida del Señor. Finalmente, la cuarta semana ya nos habla del advenimiento del Hijo de Dios al mundo. María es figura, central, y su espera es modelo estímulo de nuestra espera.
En cuanto a las lecturas de las misas dominicales, las primeras lecturas son tomadas de Isaías y de los demás profetas que anuncian la Reconciliación de Dios y, la venida del Mesías. En los tres primeros domingos se recogen las grandes esperanzas de Israel y en el cuarto, las promesas más directas del nacimiento de Dios. Los salmos responsoriales cantan la salvación de Dios que viene; son plegarias pidiendo su venida y su gracia. Las segundas lecturas son textos de San Pablo o las demás cartas apostólicas, que exhortan a vivir en espera de la venida del Señor.
El color de los ornamentos del altar y la vestidura del sacerdote es el morado, igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia. Son cuatro los temas que se presentan durante el Adviento:
I Domingo
La vigilancia en espera de la venida del Señor. Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento". Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como resultado deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primer vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.
II Domingo
La conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista. Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.
Durante esta semana puedes buscar en los diferentes templos que tienes cerca, los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía.
III Domingo
El testimonio, que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo. Coincide este domingo con la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. El evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella: "Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?.
Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercer semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercer vela, color rosa, de la Corona de Adviento.
IV Domingo
El anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María. Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María, ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo". Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente esperar la gran fiesta. Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana celebración representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento
Recursos de Adviento: http://www.aciprensa.com/fiestas/Adviento/
"La vida consagrada se parece a la selva amazónica"
"¿Escasez de religiosos? Siempre habrá algunos locos, como yo, que quieran seguir al Señor consagrándose"
"La vida religiosa es una selva amazónica". Joseph Tobin, de 59 años, lleva un año y medio como secretario de la Congregación para la Vida Religiosa. Ayer fue además el encargado de cerrar el XI Congreso de Escuelas Católicas. Lo entrevista Pablo Ginés en La Razón.
-¿Cómo podría implantarse la nueva evangelización en las escuelas católicas?
-No reduzcamos la misión educativa de la Iglesia a dar contenidos o educar profesionales. Su misión, sobre todo, es dar testimonio. El colegio católico ha de ser una comunidad, con diversidad de dones, respeto mutuo y deseo de transmitir la fe, dando testimonio a la nueva generación, a los jóvenes en búsqueda, sin violentar su conciencia. Un joven me dijo sobre alguien que le convenció: «Él cree lo que está predicando». Ese testimonio es la clave de la nueva evangelización.
-En los últimos cuarenta años han nacido muchas nuevas formas de vida religiosa...
-La vida consagrada se parece a la selva amazónica. En ella hay muchas especies distintas de plantas y árboles, algunas antiguas y recias, otras tiernas y jóvenes, pero esa selva hace respirar a todo el mundo. Es su totalidad, no tal o cual grupo, lo que hace que la vida consagrada dé oxígeno a la Iglesia. Yo soy consagrado,
redentorista, y creo que la vida consagrada da testimonio del destino final del mundo, que es perderse en el amor de Dios. Hay formas muy antiguas, como el monaquismo de los desiertos de Egipto, que allí sigue. Pero ante nuevas necesidades el Espíritu Santo ha suscitado nuevas formas, y eso no me asusta. Los papas quieren que vivan todas en comunión, y yo procuro que no se sientan aisladas, que no se vean como caminos exclusivos.
-Hay comunidades que asombran con muchas vocaciones jóvenes. ¿Cómo lo hacen?
-Los institutos que presentan a los jóvenes una identidad clara y que respetan las necesidades religiosas de los jóvenes son los que tienen un mayor éxito vocacional. Y no sólo en las nuevas formas de vida religiosa. En Irlanda la Iglesia está viviendo una época muy difícil, y sin embargo, los dominicos, con su origen medieval en España, tienen allí una pequeña explosión de vocaciones y de alta calidad, creo que con once jóvenes, más novicios que todas las otras órdenes masculinas juntas.
-¿Cómo será la vida religiosa dentro de 40 años, en el 2050?
-Será un mundo muy globalizado, pero las instituciones religiosas siempre han sido redes internacionales, al menos desde las órdenes mendicantes medievales. Ayudarán a mejorar las condiciones de todo el mundo y seguirán siendo una voz en el desierto que grite a los poderosos sobre la pobreza. Nos regalarán testimonios de fraternidad de toda raza y cultura. ¿Habrá muchos consagrados? Creo que los números no son tan importantes. Quien estudie Historia de la Iglesia verá que la segunda mitad del s.XIX fue un punto anómalo, con un extraordinario crecimiento de consagrados. Pero siempre habrá algunos locos, como yo, que quieran seguir al Señor consagrándose. Es tener un corazón libre, entregado, una cierta locura, sí, pero me alegra estar contagiado por ella.
Cuestión de hábito
«Lo más importante es encarnar el testimonio. En algunas sociedades un hábito religioso no pinta nada, en otras es signo de entrega», dice Tobin cuando se le pregunta sobre el hecho de que las congregaciones abandonen el hábito. «La vida consagrada en el Occidente secularizado ha de repensar sobre ello, y tener en cuenta que ser invisibles violenta nuestros valores. Pero retomar el hábito, por si solo, puede ser un reduccionismo. El cardenal Ratzinger decía que la consagración que más cuenta de verdad es el bautismo», concluye.
Redacción, 27 de noviembre de 2011
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