martes, 7 de septiembre de 2010

La noticia cayó como un bombazo en mi casa

A lo largo de estos once años, mi padre ha sido alcanzado por Dios a través de mi vida consagrada
Alfa & Omega,03/09/10 - Cuando tomé la decisión de entrar en un monasterio de clausura de la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara, hace ahora once años, la noticia cayó como un bombazo en mi casa, especialmente a mi padre que tanto se había esforzado en darme todo lo mejor en este mundo. Desde ese día, mi padre, a quien admiraba profundamente y que tanto había influido en mi vida, me dejó de hablar; luego, intentó convencerme de que era una locura; y por último se negó a acompañarme el día de mi entrada. Mi madre intercedió, y al fin consiguió convencerle de que viniera con todos al que fue para él como el día del entierro de su hija.
Mis padres nos habían bautizado y todos hemos estudiado en colegios religiosos, pero él se había ido alejando de la Iglesia, de los sacramentos, y al contacto con el mundo del trabajo adquirió una mentalidad materialista y racionalista, sin ninguna referencia a Dios. La fe que había recibido en germen en el Bautismo parecía sin vida. Criticaba muchas cosas de la Iglesia, la veía como una organización con fallos, y la religión como algo superado por los avances científicos.
Desde que entré, no he dejado de rezar por él, muchas veces con lágrimas, pues quiero que donde esté yo, esté él también conmigo; no me refiero físicamente a un lugar, sino a la comunión profunda en Dios, aquí en este mundo y para siempre, quiero para él todo lo mejor: que conozca a Dios y que le ame.
A lo largo de estos once años, mi padre ha sido alcanzado por Dios a través de mi vida consagrada. Muchas veces, cuando venía de visita, al contacto con las Hermanas, experimentaba alegría y no pena; verme feliz, plena, al tiempo que le daba paz, le hacía preguntarse muchas cosas sobre Dios; yo le hablaba o le daba algún libro para leer. Él ha tenido la libertad y la valentía de preguntarme cómo descubrí que Dios me llamaba a esta vida y ha ido guardando estas cosas en su corazón; Dios está haciendo el resto...
El último acontecimiento familiar ha sido la boda de mi hermana, en noviembre de 2009. Ella me llamó la víspera y me dijo: Hermana, quiero hacerte un regalo. ¿Sabes qué hemos hecho esta tarde papá, mamá, Miguel y yo? Pues hemos recibido el sacramento de la Reconciliación. Más tarde, al ver las fotos de la boda, me he quedado con una donde se ve a mi padre recibiendo el Cuerpo de Cristo.
S. Mª A. E.,
Hermana Clarisa
fuente: Alfa & Omega

domingo, 5 de septiembre de 2010

Mujeres de las que no quedan

Las monjas de clausura se enfrentan a tiempos «difíciles y oscuros». No se llevan ni los hábitos ni una vida dedicada a la oración. En frío, nadie elegiría libremente pobreza, castidad, obediencia y clausura como los cuatro pilares de toda una vida. Sin embargo, escuchar a las hermanas del convento franciscano de Alcaraz, el más antiguo de la provincia, te abre los ojos. Ellas atesoran principios inculcados en el medievo, lo que no les impide afirmar que el siglo XXI está errando. «Buscan la felicidad donde no existe», advierten a las nuevas generaciones. Y es que estas monjas son realistas. Hablar a través de los barrotes no las aísla, ni mucho menos, del mundo exterior. Saben que «no hay vocaciones, que el futuro es preocupante y oscuro; que los valores religiosos se están perdiendo», pero tienen la certeza de que «lo que no se conoce no se ama».
En Alcaraz viven en estos momentos diecisiete monjas, con edades comprendidas entre los 23 años y los 95. Las hay que acaban de llegar, como la joven María Inmaculada Jiménez, que lleva un lustro en el convento, y quienes llevan 52 años, como Sor Concepción Castro. Ninguna de ellas se arrepiente del camino que eligió en su día. No sólo aseguran que nunca han tenido dudas, además afirman orgullosas que «si volviese a vivir, sería de clausura».
El suyo es un camino sacrificado y austero, pero les reporta la felicidad. Saben por el telediario, algunas revistas y el contacto con quienes les visitan en busca de ayuda y paz, que fuera hay sufrimiento. Cada vez son más las familias que llaman a su puerta porque la ruptura matrimonial les supera o porque no saben cómo sacar a sus hijos del mundo de las drogas.
Cuando toca rezar, estas monjas lo tienen que dejar todo, pero eso no significa que las franciscanas no estén el día. De hecho, como al resto de los españoles, la crisis les ha tocado de lleno y algunas de ellas, como la superiora, reciben ahora una pensión que no llega a los 600 euros después de cotizar toda la vida a la Seguridad Social. Hasta hace dos años, las religiosas bordaban y hacían alfombras y camisas para ganarse el sustento. Ahora se tienen que conformar con pequeñas labores para una tómbola de caridad porque se han quedado sin trabajo.
La mirada
Son felices y lo dicen con una expresión que no deja lugar a dudas. Mientras tanto, en la calle sigue la obsesión por tener. Una persona sin coche, sin vivienda propia y sin un televisor gigante está frustrada. En el convento, se conforman con un ordenador que va cuando quiere y una televisión que les permite seguir el telediario de Antena 3 y, con suerte, los viajes del Papa. La calefacción y el agua corriente llegaron a las celdas -las habitaciones de las monjas- hace cinco años. Pasaban frío hasta enfermar, pero seguían siendo felices.
Entre los barrotes, siempre desde el otro lado, la superiora, María del Pilar Calabria, explicaba que su crisis de vocaciones no está en el número de monjas sino en la edad. El suyo nunca fue un convento numeroso. Hace dos siglos se dice que llegaron a ser una treintena y ahora son diecisiete. El problema está en que la madre superiora llegó con 19 años y Sor Concepción con 15 años. Ahora llegan menos y ya veinteañeras. La edad media no deja lugar a dudas, la congregación envejece. La sabia nueva la traen dos keniatas, de 23 y 27 años, que llevan 7 meses de prueba, una joven de Valdepeñas y una chica peruana.
Nadie niega de que se enfrentan a un problema grave. Sin embargo, las monjas tienen claro que el convento no es para cualquiera. Para entrar es imprescindible «enamorarse de Cristo». Las hermanas tienen que ver que la postulante no alberga dudas y, para ello, hay un largo de periodo de convivencia y formación hasta hacer los votos solemnes. Primero, es necesario un año como postulante, es decir, sin hábito ni compromiso, simplemente conviviendo con la comunidad. Después, llegan entre uno y dos años de novicia, tiempo durante el cual la candidata se forma en las reglas del convento y en la Sagrada Escritura. Por último, tienen que pasar entre tres y seis años como profesas temporales, cumpliendo con los votos de pobreza, castidad, obediencia y clausura, pero no de forma definitiva. Superadas todas estas fases, llega el momento de los votos solemnes.
Las monjas del Monasterio de Santa María Magdalena de Alcaraz basan su día a día en la oración y la formación permanente, con el fin de poder orientar a quien llame a su puerta.
La actividad comienza a las seis y media de la mañana. A partir de ahí, se suceden los oficios de laudes, tercia, sexta, nona, vísperas y completas. En realidad, lo que se pretende es recrear cada uno de los momentos en los que rezaba Jesús, para pedir «que el Señor nos dé fuerzas». Y es que las monjas reconocían que si hay algo que necesitan hoy los conventos es 'fuerza' porque son pocas y mayores para hacer el trabajo de siempre. Ellas asumen las labores del economato, la portería, la cocina o el mantenimiento del jardín, que en el caso de Alcaraz tiene 150 rosales para adornar el Sagrario. Además, tienen que atender a las hermanas mayores, una de ellas encamada.
El panorama no es nada alentador, pero, sin perder la sonrisa, aseguraban a este diario que «si nos conocieran, tendríamos cola». 
23.05.10 - 00:39 -
http://www.laverdad.es/albacete/v/20100523/cultura/mujeres-quedan-20100523.html

viernes, 3 de septiembre de 2010

Oblatas de Cristo Sacerdote

Normalmente, la gente no tiene muchos problemas para entender la vida activa, pero cuando se trata de vida contemplativa, muchos tienen reparos y prejuicios que no les permiten entenderla. Muchos piensan que es una vida estéril y sin sentido, que de nada sirve estar todo el día rezando. No se entiende por qué las monjas de clausura no salen nunca del convento ni por qué reciben tan pocas visitas, incluso de su propia familia.

A mí también me costaba entender este tipo de vida pero, leyendo a Santa Teresita del Niño Jesús, comprendí el significado de la contemplación. Decía Santa Teresita que, en la Iglesia cada uno tiene su función. Veía a la Iglesia como el cuerpo místico. Los sacerdotes, misioneros, laicos, laicos consagrados, religiosos de vida activa, eran como las extremidades de ese cuerpo, los que se movían y llevaban a cabo las acciones de la Iglesia. La vida contemplativa, la definió Santa Teresita como el amor dentro de la Iglesia. Sí, esas monjitas contemplativas son el corazón dentro de la Iglesia, ese corazón que continuamente está bombeando amor para dar vida al resto del Cuerpo Místico, al resto de la Iglesia. Las monjas contemplativas llegan con su oración a toda la Iglesia, a todo el mundo; su marco de actuación no tiene fronteras ni límites. Sin ellas, los demás no seríamos nada. ¿Pues pueden hacer algo las manos si el corazón se para?

Santa Teresita quería serlo todo, sacerdote, misionera... y encontró la forma de serlo todo en la contemplación, pues con su oración llegaba a toda la Iglesia. La monja de vida contemplativa es como la semilla que tiene que enterrarse para que nazca la planta; como la sal que ha de diluirse para dar sabor. 
Así, en la vida contemplativa, las personas que han entregado su vida de una forma tan radical, se esconden, desaparecen, se anonadan para dar vida al resto de la Iglesia. Jesús, cuando nació se hizo "pequeñito" , se hizo hombre, y fue a nacer en suma pobreza. Más tarde, querría quedarse con nosotros en el Sagrario. De esta misma forma, las almas contemplativas quieren participar en la oblación de Jesucristo, con su vida escondida en el monasterio, escondida en el corazón de Jesús. Y con su oración dan vida a toda la Iglesia, pues la oración todo lo puede.
Las Oblatas de Cristo Sacerdote, dentro de esta vocación contemplativa tienen un carisma especial, el carisma que sus fundadores bordaron con sus vidas en la Congregación. La Oblata entrega su vida, se esconde en su celda, en la clausura, para dar vida a toda la Iglesia, pero de una forma especial a los sacerdotes. La Oblata se entrega por los sacerdotes, para que sean santos. Se une a la oración de Jesús: "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad."(Jn 17,15-17) Y así, la Congregación de HH. Oblatas de Cristo Sacerdote es, en la tierra, la prolongación ininterrumpida de la plegaria sacerdotal de Cristo por ellos y por cuantos creerán por la palabra de ellos... para que sean santos... para que sean uno".(Jn 17, 19-21)



http://www.oblatasdecristosacerdote.com/es1024x768p/contemplativa.html

jueves, 2 de septiembre de 2010

Tradición monástica

Capítulo I - EL misterio monástico 

a) - Una íntima vida cristiana:
En una primera aproximación, el monje puede definirse: Un cristiano que se ha comprometido en una forma de vida religiosa llevada según las antiguas tradiciones de la Iglesia.
El monje es un religioso, eso quiere decir un cristiano que ha tomado plenamente conciencia de su estado de bautizado, y que, para contestar a esa condición, ha adoptado un estado de vida en el cual todo está con objeto de favorecer el crecimiento y la expansión de la gracia bautismal. El fin de la vida religiosa no es distinto del de la vida cristiana ordinaria; el religioso no tiende hacia una perfección más que la de la vida cristiana; el cristiano tiene igualmente el deber de tender a la perfección de la caridad. Lo que distingue al religioso es que ha adoptado un tipo de vida oficial y estable, donde todo está organizado con objeto de este único fin.
El religioso no se distingue del simple cristiano como un "consagrado" de uno "no consagrado". Todo bautizado es un consagrado, una pertenencia total a Dios. Pero uno está constituido un religioso por su profesión por un estado de vida públicamente sancionado por la iglesia, donde esa consagración bautismal puede expresarse y realizarse de un modo privilegiado.
La vida monástica es además una vida religiosa llevada según las antiguas tradiciones de la Iglesia. Lo que no significa que sea una sobre vivencia caduca del pasado. Pero se constituyó en su estructura fundamental, entre los siglos IV y XII. Es la vida religiosa tal cual la concibió, bajo la conducta del Espíritu Santo, la Iglesia de la edad patrística. Y precisamente de eso le viene su valor permanente. Del mismo modo que los escritos doctrinales de los Padres permanecen para la Iglesia como fuentes siempre vivientes, así la enseñanza ascética de los maestros espirituales de los primeros siglos expresa un concepto de la vida religiosa que debe permanecer presente en la Iglesia de todos los tiempos.
Lo que, en efecto, caracteriza a la vida y al pensamiento de los Padres, es su aspecto sintético, su ausencia de especialización. La vida monástica presenta tal carácter de plenitud: simplemente ella es una vida donde todo está organizado con objeto de la prosecución de la "salvación", del entero florecimiento de la gracia bautismal, sin ninguna especialización. El conjunto de los medios que tradicionalmente pone en obra está ordenado a este fin único: renuncia al matrimonio y a las posesiones terrenales en soledad, obediencia, ayuno, vigilias, austeridad de vida, trabajo manual, oración litúrgica y oración privada encaminando el alma hacia la oración incesante.
El monje se distingue pues, del religioso perteneciente a un Instituto moderno, por su ausencia de un fin "secundario". En efecto, las sociedades religiosas modernas por lo general están organizadas con objeto de conducir sus miembros a la perfección de la caridad, y a veces de encargarse en la Iglesia de una tarea determinada: docencia, predicación, obras de caridad, misión, etc. ... A veces también los Fundadores dedicaron sus institutos a tal o cual forma de devoción: culto de reparación del Sagrado Corazón, adoración del Santísimo, etc. ... Por eso es que los institutos modernos, sin dejar nada esencial de los medios establecidos tradicionalmente en la Iglesia para favorecer la prosecución del fin principal común, han reducido la parte reservada a algunos de esos medios, por ejemplo: separación del mundo y "ocio contemplativo", tiempo consagrado a la oración litúrgica o privada y han adaptado la práctica de esos medios a las exigencias del fin propio perseguido.
 
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El monasterio de la Santa Faz abre una exposición con 9 dioramas con la historia de la reliquia

El Monasterio de la Santa Faz ha incorporado desde hoy una exposición a su patrimonio. La muestra cuenta a través de 9 dioramas la historia de la reliquia, desde su llegada a Alicante en el siglo XV hasta nuestros días. La exhibición ha quedado instalada a la entrada del convento de clausura de las hermanas Clarisas para que pueda ser apreciada por el público. Cada diorama dispone de información sobre la escena representada.

La exposición se ha hecho realidad gracias al patrocinio de Alicante Cultura del Ayuntamiento y del trabajo conjunto de la Asociación de Belenistas, de la Junta de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa, del párroco José Luis Casanova y de la Fundación Alió.
Los dioramas fueron construidos en 1989 con motivo del V Centenario de la Santa Faz y esta muestra los ha recuperado, lo que supone poner en valor dicha colección, con vínculos con la historia, el patrimonio y la artesanía. El centenar de figuras que integran la muestra fueron elaboradas una a una y revestidas por maestros belenistas de Alicante con atuendos comunes entre la población de siglos atrás.

La superiora del convento, madre sor Gladys Benavides, ha mostrado su orgullo por la exposición, que les ha sido entregada para su custodia, lo que incrementará el conocimiento y a devoción por la Santa Faz, según sus palabras. La religiosa ha añadido que las personas que entran al recibidor del convento están encantadas con poder recorrerla.
La instalación ha quedado fijada a uno de los laterales de la estancia, sobre un mobiliario especial de madera tallada. Cada diorama cuenta también con iluminación.
A la entrada de la exposición se va a colocar una placa con la siguiente lectura. "La Asociación de Belenistas de Alicante ha representado en nueve dioramas la historia de la reliquia de la Santa Faz. El monasterio y las monjas Clarisas serán los guardianes de la exposición, donación de la Asociación de Belenistas de Alicante, para que pueda ser visitada por todos los que acudan al caserío de la Santa Faz. La Concejalía de Cultura del Excelentísimo Ayuntamiento de Alicante patrocina este bien de la tradición de un pueblo".

La apertura oficial de la exposición ha tenido lugar con su bendición a manos del capellán del monasterio, José Luis Casanova. A continuación han tomado la palabra Juan Giner, presidente de la Asociación de Belenistas de Alicante, Manuel Ricarte, presidente de la Junta Mayor de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa, y
María López Iglesias, responsable de la Fundación Jorge Alió.

La exposición podrá ser visitada por el público en la entrada del monasterio, con el siguiente horario: de lunes a sábados, de 9 a 14 horas y de 17 a 20. Domingos y festivos por la tarde, cerrado.
Las escenas repasan la tradición e historia de la Santa Faz desde que Mosén Pedro Mena vino a Alicante con la imagen del sagrado rostro en un baúl, recoge el primer milagro fechado el 17 de Marzo de 1489, repasa la celebración en torno al testamento de Juan Sebastián Elcano y llegan hasta la romería y feria conectadas con la Peregrina.
La iniciativa ha sido apreciada por todos los participantes en la apertura ya que contribuirá a difundir el conocimiento en torno a la santa reliquia y ayudará a que la Santa Faz avance hacia su conversión en icono internacional.
Lunes, 30 de Agosto de 2010 16:32 Alicante - Cultura  
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