martes, 26 de enero de 2010

Edith Stein, maestra de espiritualidad

Edith Stein (1891-1942), judía, filósofa, mártir, carmelita santa y compatrona de Europa, se consideraba una persona súper litúrgica, contemplativa y sumamente activa antes y después de su ingreso en el Carmelo.

–¿Podemos considerar a Edith Stein como una precursora de la espiritualidad litúrgica del Vaticano II?

Lo podemos afirmar sin titubeos. Ella vive en los albores del movimiento litúrgico en Alemania, conoce a algunos protagonistas de este despertar eclesial, como Romano Guardini y Odo Casel; tuvo como patria espiritual uno de los centros propulsores del movimiento litúrgico alemán, la abadía de Beuron, donde el abad Rafael Walzer fue su director espiritual.

Se considera «una superlitúrgica» por su sensibilidad ante el misterio y por el buen hacer y celebrar la liturgia. Y aporta con su libro «La oración de la Iglesia», un texto clásico sobre la Eucaristía, sus raíces judías y su dimensión espiritual.

–¿Por qué no se conoce la aportación litúrgica de Edith Stein, ella que estuvo en la vanguardia con Guardini y con otros grandes maestros de la liturgia de su tiempo?

Edith es una figura polifacética. La admiramos como fenomenóloga y filósofa, como interprete de santo Tomás, de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz. Sus escritos son numerosos.

Este fragmento de su espiritualidad, que es un fragmento que contiene el todo, se ha ido descubriendo poco a poco, sobre todo cuando se ha tratado de contextualizar su itinerario espiritual, las raíces de su educación en la liturgia judía, sus influjos y su participación en la espiritualidad de su época y cuando se trata de descubrir algunos escritos suyos donde se manifiesta sobre todo su vena teológica y espiritual.

Hay todavía textos inéditos y otros que no son muy conocidos, como el diario de su retiro espiritual en preparación a su profesión perpetua (10-21 de abril de 1938), una verdadera joya de espiritualidad del misterio pascual vivido con María.

–Edith, antes de ser una contemplativa fue una mujer de acción. ¿Supo conjugar bien la oración litúrgica con la oración personal?

En ella no hay dicotomías. Todo lo que vive y trata tiene el toque de una fenomenóloga que va hasta el fondo vital de la experiencia.

Y en su libro «La oración de la Iglesia» hace una hermosa apología de la imprescindible dimensión de la oración personal y de su valor eclesial hasta afirmar que toda oración personal es oración eclesial.

Era una contemplativa sumamente activa, antes y después de su ingreso en el Carmelo, como demuestra su actividad y sus escritos.

–¿Es exagerado ver en Edith Stein un modelo de espiritualidad litúrgica femenina?

Es evidente que toda la experiencia de Edith tiene el toque de su mirada de mujer, su corazón y su empatía femenina, con un toque de delicadeza y de profundidad.

A su modo es un modelo de espiritualidad femenina si la entendemos como personificación de lo femenino de la Iglesia esposa, de su actitud mariana, de su recurso a las mujeres santas, de algunas expresiones de fina poesía y sensibilidad como sus invocaciones al Espíritu Santo.

–¿Qué es la espiritualidad eucarística, según Edith Stein?

Algo tan sencillo como vivir como respuesta vital ante la conciencia del don que supone la Eucaristía: ante la presencia responder con la oración ante el Santísimo y la eucaristía diaria; ante el don de la comunión con el agradecimiento a quien nos nutre con su carne y su sangre «como una madre su hijo», ante el sacrificio eucarístico acogiendo el don y haciéndolo vida como ofrenda espiritual


Entrevista a Jesús Castellano (marzo 2004). Zenit

sábado, 23 de enero de 2010

950 Monasterios en España



Existen en España 950 monasterios38 de ellos son de monjes pertenecientes a 13 institutos monacales, con al rededor de un millar de monjes y cerca de un centenar (muy variable) de novicios. La vida monástica femenina es mucho más extensa. 911 monasterios de mujeres (fuente: CEE, 2002), habitados por unas 13.000 monjas, aproximadamente, 350 novicias y 200 aspirantes. La mayor parte son monasterios de clausura papal que se ordenan íntegramente a la contemplación, y sus miembros se ocupan sólo de Dios, en soledad y silencio, en asidua oración. Hay, también, algunos institutos contemplativos que practican una clausura llamada constitucional, por la que suelen alternar la contemplación con alguna actividad apostólica.

viernes, 22 de enero de 2010

Carmelitas Descalzas de Cádiz

El convento de las Carmelitas Descalzas de Cádiz abre sus puertas a las cámaras del Gabinete de Prensa del Obispado de Cádiz con motivo de la Jornada Pro-Orantibus.  

jueves, 21 de enero de 2010

La perseverancia en la vocación monástica

Carta IX de San Ammonas
Sé que están sufriendo penas en el corazón, porque han caído en la tentación[86], pero si la soportan con valor, alcanzarán la alegría. Pues si no soportan ninguna tentación, visible u oculta, no podrán progresar más allá de la medida que han alcanzado.
Todos los santos, en efecto, cuando pidieron un aumento de fe, se encontraron frente a las tentaciones; porque desde el momento en que recibieron una bendición de Dios, una tentación les fue agregada por los enemigos, que querían privarlos de la bendición con que Dios lo había gratificado. Los demonios, al ver que el alma bendecida hacía progresos, la combatían, en secreto o bien abiertamente.
Porque cuando Jacob fue bendecido por su padre, inmediatamente le sobrevino la tentación de Esaú (Gn 27,41). El diablo, en efecto, excitó su corazón contra Jacob y deseaba borrar su bendición, pero no pudo prevalecer contra el justo, pues está escrito: El Señor no dejar el cetro del pecador sobre el lote de los justos (Sal 124,3)[87]. Por tanto, Jacob no perdió la bendición que había recibido, sino que ella creció con él de día en día.
Esfuércense también ustedes por vencer la tentación, porque quienes reciben una bendición necesariamente deben soportar las tentaciones. Yo mismo, su padre, he soportado grandes tentaciones, en secreto y abiertamente, pero me sometí a la voluntad de Dios, tuve paciencia, supliqué a Dios y Él me salvó[88].
Ahora entonces, también ustedes, mis amadísimos, ya que han recibido la bendición del Señor, reciban igualmente las tentaciones y sopórtenlas[89] hasta que las hayan superado. Obtendrán así un gran progreso y un crecimiento de todas[90] sus virtudes; y se les dará una gran[91] alegría celestial que todavía no conocen.
El remedio para superar las tentaciones es no caer en la negligencia y orar a Dios, dándole gracias de todo corazón, teniendo una gran paciencia en todo, de esta forma las tentaciones se alejarán de ustedes. Porque Abrahán[92] fue tentado de ese modo y apareció como más agradable[93]. Por tal motivo está escrito: Las pruebas de los justos son numerosas, pero el Señor los librará de todas (Sal 33,20). Santiago dice asimismo: Si alguno de ustedes sufre, que ore (St 5,13). ¡Ven como todos los santos invocan a Dios en las tentaciones!
También está escrito: Dios es fiel, Él no permitirá que ustedes sean tentados por encima de sus fuerzas (1 Co 10,13); Dios, por ende, actúa en ustedes a causa de la rectitud de sus corazones. Si Él no los amara, no les enviaría tentaciones, pues está escrito: El Señor corrige al que ama; golpea al hijo que le es grato (Pr 3,12; Hb 12,6). Son, pues, los justos quienes se benefician con las tentaciones[94], puesto que los que no son tentados tampoco son hijos legítimos[95]; usan el hábito monacal, pero niegan su poder[96].
Antonio, en efecto, nos ha dicho que «nadie puede entrar en el reino de Dios sin haber sido tentado”[97]. Y el bienaventurado Pedro escribe en su carta: En esto ahora se alegrarán, ustedes que han tenido que soportar diversas tentaciones, para que su fe puesta a prueba sea hallada más preciosa que el oro perecedero probado por el fuego (1 P 1,6-7).
Se dice asimismo que los árboles agitados por los vientos echan mejores raíces y crecen más; así sucede con los justos. En esto, pues, y en todo lo demás, obedezcan a sus maestros para progresar.
Ustedes saben que al comienzo el Espíritu Santo les da la alegría en la obra espiritual, porque ve que sus corazones son puros. Y cuando el Espíritu les ha dado la alegría y la dulzura, entonces se va y los abandona: es su signo. Hace esto con toda alma que busca a Dios, al comienzo. Se va y abandona a todo hombre, para saber si lo buscarán o no.
Algunos, cuando Él se va y los abandona, quedan inmóviles[98], permanecen en el abatimiento[99] y no oran a Dios para que les quite ese peso, y les envíe la alegría y la dulzura que habían conocido. Por su negligencia y su voluntad propia, se hacen extraños a la dulzura[100] de Dios. Por eso llegan a ser carnales; usan el hábito, pero reniegan de su poder (2 Tm 3,5). Estos tales son ciegos en su vida[101] y no conocen la obra de Dios.
Si ellos perciben un peso desacostumbrado y contrario a la alegría precedente, que oren a Dios con lágrimas y ayunos; entonces Dios, en su bondad, si ve que sus corazones son rectos, que le rezan de todo corazón y que reniegan de sus voluntades propias, les da una alegría más grande que la anterior y los fortifica aún más. Tal es el signo que realiza con toda alma que busca a Dios.
Después de haber escrito esta carta, me acordé de una palabra que me impulsó a escribirles sobre las tentaciones que se le presentan al alma del hombre, y que hacen descender de los cielos a los abismos del Hades[102]. He aquí porque el profeta clama y dice: Tú has sacado mi alma de las profundidades del Hades (Sal 85,13).
Cuando el alma sube del Hades, por el tiempo que ella acompaña al Espíritu de Dios, las tentaciones le vienen de todas partes. Pero cuando ha superado las tentaciones, llega a ser clarividente y recibe una nueva belleza. Así, cuando el profeta[103] debía ser llevado (al cielo), llegando al primer cielo[104], se asombró de su resplandor; al arribar al segundo, se admiró al punto de decir: «Pensé que la luz del primer cielo es obscuridad”[105], y así para cada cielo de los cielos[106]. El alma de los justos perfectos avanza y progresa hasta subir al cielo de los cielos[107]. Si llega allí, ha superado todas las tentaciones y ahora hay un hombre[108] sobre la tierra que ha llegado a ese grado.
Yo les escribo, mis amadísimos, para que se fortalezcan y aprendan que las tentaciones no causan daño a los fieles sino aprovechamiento y que, sin la venida de las tentaciones al alma, ella no puede subir a la morada de su Creador[109].
Notas
[85] Ha llegado hasta nosotros en sirio (con el nro. 9-10a), en georgiano (con el nro. 8-9) y en griego (con el nro. 4).
[86] Sirio: «En una gran tentación”.
[87] Sirio: «El cetro del pecador no permanecer en la porción del justo” (Sal 124,3).
[88] Sirio: «Esperé, recé, me mostré fuerte y mi Señor me libró”. Georgiano: «Soporté la voluntad de Dios en la esperanza y la oración, y Él me salvó”.
[89] «Sopórtenlas”, falta en el sirio.
[90] «Todas”, falta en la versión siríaca.
[91] «Gran” también falta en el sirio.
[92] El griego añade: «Y Jacob y Job y muchos otros fueron tentados…”.
[93] Sirio: «Y el atleta apareció como vencedor”.
[94] Griego: «Es, pues, a los justos que les sobreviene una apariencia de tentaciones”.
[95] El sirio lee: «No son elegidos (o: autenticados)”; y el georgiano: «No son firmes en la fe”.
[96] Dynamin («virtutem”). Cf. 2 Tm 3,5. Esta misma cita es utilizada por san Antonio en sus Cartas III,3; V,4; VI,3 (Lettres, p. 33, nota 1).
[97] Apotegma Antonio 5; PG 65,77.
[98] Literal: «pesados”.
[99] El sirio y el griego añaden: «Sin movimiento”.
[100] Georgiano: «Al amor”.
[101] Sirio: «Son ciegos en sus ojos”.
[102] El sirio dice: «De la tentación del alma del hombre que ha progresado, y que desciende del grado de la perfección espiritual…”.
[103] El georgiano y el griego agregan: «Elías”.
[104] Sirio: «Primer grado” (u: orden).
[105] Cita de la obra apócrifa llamada Ascensión de Isaías, VIII,21. El sirio añade: «En comparación con este” (=el segundo cielo).
[106] El sirio lee: «Hasta el grado supremo de la perfección”.
[107] El sirio lee nuevamente: «Hasta el grado supremo de la perfección”. Lo que sigue, hasta el final de la frase, falta en el texto griego.
[108] «Hombres”, trae el sirio.
[109] Sirio: «A la mansión de la vida”.
http://textosmonasticos.wordpress.com/2009/12/31/perseverancia-monastica/

lunes, 18 de enero de 2010

Los cinco minutos de San Benito

Un nuevo título de la conocida colección en pequeño formato de los cinco minutos. Textos para cada día del año que nos recuerdan hechos de su vida, de la Regla... Palabras que iluminan desde su vida la nuestra. Sin duda, un buen compañero espiritual para acompañarnos a lo largo del año que nos introducirá en la sabiduría monástica aplicada a la vida ordinaria.


Autores: Ghiotto, Eduardo
PVP: 10.58 €
ISBN: 9789505126699
Fecha de publicación: 09/09
Editorial: Publicaciones Claretianas
Colección: Espiritualidad
Datos del libro: 367 pags; Rústica con solapas; 11 x 17 cm.
Idioma: Español