lunes, 29 de septiembre de 2014

Las Glorias de María (San Alfonso María de Ligorio)

Como está próximo a empezar el mes de Octubre donde de manera especial honraremos a nuestra Madre con el rezo del santo Rosario. Comparto con ustedes uno de los libros de San Alfonso María de Ligorio donde manifiesta el gran amor que sentia hacia la madre de Jesús. Dios les bendiga


 (Para los visitantes que no dominen el idioma ingles: para poder ver el libro, el servidor de box solicita que pinchen en la nube más clara y la sobrepongan en la nube más oscura)

 

domingo, 9 de marzo de 2014

Himno Espíritu Santo (Vísperas de Pentecostés)

Ven espíritu creador, visita nuestra mente, llena de tu amor, el corazón que has creado. 
Oh dulce consolador, don del Padre altísimo, agua viva, fuego, amor, santo crisma del alma.  
Dedo de la mano de  Dios,  promesa del salvador, derrama tus siete dones, suscita en nosotros la palabra.
Sé luz del intelecto, llama ardiente en el corazón, sana nuestras heridas, con el bálsamo de tu amor.  
Defiéndenos del enemigo, danos el don de la paz, tu guía invencible, nos preserve del mal.
Luz de eterna sabiduría, desvélanos el gran misterio de Dios Padre y del Hijo, unidos en un solo amor. Amén.




viernes, 7 de marzo de 2014

«Alegraos...» - Carta a los consagrados.

La Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica ha hecho pública una carta circular que recoge fragmentos y reflexiones que ha hecho el Papa Francisco sobre los religiosos a lo largo de su pontificado. Esta carta está inserta en la preparación del Año para la Vida Consagrada que convocó el Papa para el 2015.
En la presentación del documento también se especificaron más detalles de las actividades previstas para el Año de la Vida Consagrada. El Año de la Vida Consagrada comenzará en noviembre de 2014 y acabará en febrero de 2016. Entre los encuentros previstos, habrá uno entre consagrados jóvenes de todo el mundo en Roma. Este año fue convocado por Francisco al final de un encuentro con 120 Superiores generales de los Institutos masculinos y después de haber escuchado a muchos consagrados y está pensado en el contexto de los 50 años del Concilio Vaticano II, en particular de los 50 años de la publicación del decreto conciliar ‘Perfectae caritatis’ sobre la renovación de la vida consagrada (…), el segundo objetivo es que los consagrados y consagradas abracen “al futuro con esperanza”, conscientes de que el momento actual “es 'delicado y fatigoso' y que la crisis que atraviesa la sociedad y la misma Iglesia toca plenamente a la vida consagrada”.

Pueden descargarse el documentos directamente desde este enlace: http://www.confer.es/activos/texto/wcnfr_pdf_3294-8ng2ZNlhGseevdUg.pdf, de la web de CONFER Española (Conferencia de Religiosos y Religiosas de España).

martes, 11 de febrero de 2014

LLEGAN LAS MONJAS 2.0: LAS CARMELITAS DESCALZAS YA ESTÁN EN LA RED

Una de las mayores incógnitas es saber como es realmente un convento de clausura. Monjas dedicadas a la oración y el estudio y con el impedimento de que personas ajenas al convento entre en él. Ahora ya podemos saber un poquito más sobre ellas gracias al convento de las Carmelitas Descalzas de Albacete, que no ha querido quedarse atrás, como informa La Tribuna.

   La llegada de las nuevas tecnologías y de las nuevas formas de comunicación ha sido la herramienta de la nueva era, utilizada por políticos, deportistas y personajes famosos en general. Poco a poco todos los organismos e instituciones se fueron sumando a la era online y todos estamos inmersos en webs, blogs, twitter, facebook, linkedin...

   La congregación de las Carmelitas Descalzas ya tiene su página en Internet, donde se abren al mundo para mostrar como es su clausura, su fe y su relación con Dios.

   Su sitio web, con un alto número de visitantes, está dividido en varias secciones. En algunas de ellas el visitante puede conocer cuales son los quehaceres diarios de este grupo de 14 monjas. Un ejemplo es su horario, se levantan a las 6:30 horas de la mañana y terminan a las 22.45; donde se incluyen los rezos, las misas y el trabajo que realizan.

   Una de las secciones más emotivas es la de Vocaciones, en la que se muestran fotos de la celebración religiosa en el que las novicias pasan a ser monjas de la Congregación. Navegando dentro de los demás apartados se puede ver fotografías del interior del convento y de las labores que hacen las monjas, uno de ellos es el bordado de mantones litúrgicos y la repostería.

   A esta novedad ya se han sumado otros conventos como las Carmelitas de Loeches y las Carmelitas de Valladolid. Además, en Centroamérica un grupo de frailes carmelitas descalzos han creado una radio online para compartir su fe con todos los cristianos.

   Y es que esta modernización en la relación de la Iglesia con sus fieles dio un gran salto con la apertura del Twitter oficial @Pontifex, abierto para publicar todas las noticias relacionadas con el papado. Una manera más de directa y rápida de llegar y estar presente en el mundo y que cuenta con más de 8.500.000 de seguidores.


Puedes visitar la página en http://carmeloalbacete.org/

Europapress

domingo, 9 de febrero de 2014

Cada persona consagrada es un don para el pueblo de Dios en camino

Ángelus del Papa en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2 febrero 2014

Hoy celebramos la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo. En esta fecha también se celebra la Jornada de la Vida Consagrada, que recuerda la importancia para la Iglesia de todos los que han oído la llamada a seguir a Jesús de cerca en el camino de los consejos evangélicos. El evangelio de hoy narra que, cuarenta días después del nacimiento de Jesús, María y José llevaron al niño al templo para consagrarlo y ofrecerlo a Dios, como lo prescribe la ley judía. Este episodio evangélico es también un icono de la donación de la propia vida por parte de aquellos que, por un don de Dios, toman los rasgos característicos de Jesús, virgen, pobre y obediente.

Esta ofrenda de sí mismos a Dios concierne a todos los cristianos, porque todos estamos consagrados a Él por medio del bautismo. Todos estamos llamados a ofrecernos al Padre con Jesús y como Jesús, haciendo de nuestra vida un don generoso, en la familia, en el trabajo, en el servicio a la Iglesia, en las obras de misericordia. Sin embargo, esta consagración la viven de una manera particular los religiosos, los monjes, los laicos consagrados que, con la profesión de los votos, pertenecen a Dios de manera plena y exclusiva. Esta pertenencia al Señor permite a los que la viven de una manera auténtica ofrecer un testimonio especial al Evangelio del Reino de Dios. Totalmente consagrados a Dios, están totalmente entregados a los hermanos, para llevar la luz de Cristo, allí donde se encuentra la oscuridad más densa, y difundir su esperanza en los corazones desalentados.

Las personas consagradas son un signo de Dios en los diferentes ambientes de la vida, son levadura para el crecimiento de una sociedad más justa y fraterna, son profecía del compartir con los pequeños y los pobres. Así entendida y vivida, la vida consagrada se nos presenta como es realmente: ¡es un don de Dios! ¡Un don de Dios a la Iglesia. Un don de Dios a su pueblo! Cada persona consagrada es un don para el pueblo de Dios en camino. Hay mucha necesidad de estas presencias, que fortalecen y renuevan el compromiso de la difusión del Evangelio, de la educación cristiana, de la caridad hacia los más necesitados, de la oración contemplativa; el compromiso de la formación humana, de la formación espiritual de los jóvenes, de las familias; el compromiso por la justicia y la paz en la familia humana. Pero pensemos ¿qué pasaría si no estuvieran las religiosas, las religiosas en los hospitales, las religiosas en las misiones, las religiosas en las escuelas? Pero imagínense una Iglesia sin las religiosas.... ¡No, no se puede pensar! Son este don, esta levadura que lleva precisamente adelante al pueblo de Dios. ¡Son grandes estas mujeres, que consagran su propia vida y llevan adelante el mensaje de Jesús!

La Iglesia y el mundo necesitan este testimonio del amor y de la misericordia de Dios. ¡Los consagrados, los religiosos, las religiosas también son este testimonio de que Dios es bueno, que Dios es misericordioso! Por esto es necesario valorar con gratitud las experiencias de vida consagrada y profundizar en el conocimiento de los diferentes carismas y espiritualidad. Debemos orar para que muchos jóvenes respondan "sí" al Señor que los llama a consagrarse totalmente a Él para un servicio desinteresado a los hermanos. Consagrar la vida para servir a Dios y a los hermanos.
catholic.net

sábado, 8 de febrero de 2014

Mensaje del Santo Padre por la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

El 11 de mayo de 2014, IV Domingo de Pascua, se celebra la 51ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. El tema elegido para dicha ocasión es: "Las vocaciones, testimonio de la verdad".

Con motivo de esta jornada, el santo padre ha enviado un mensaje a los obispos, sacerdotes, consagrados y fieles de todo el mundo.

En el mismo, el Santo Padre señala que nosotros somos ´propiedad´ de Dios no en el sentido de la posesión que hace esclavos, sino de un vínculo fuerte que nos une a Dios y entre nosotros, según un pacto de alianza que permanece eternamente porque su amor es para siempre. Asimismo explica que el modo de pertenecer a Dios es a través de la relación única y personal con Jesús. De este modo, Francisco recuerda que la vocación requiere siempre un éxodo de nosotros mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal, como en las formas de consagración religiosa y en la vida sacerdotal, "es necesario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios", subraya en el Mensaje. El papa invita a no tener miedo porque "Dios sigue con pasión y maestría la obra fruto de sus manos en cada etapa de la vida".

Francisco recuerda que la vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno. E invita a obispos, sacerdotes, religiosos, comunidades y familias cristianas para que orienten la pastoral vocacional en la dirección de los grandes ideales y acompañen a los jóvenes por itinerarios de santidad.

Publicamos a continuación el Mensaje del Santo Padre por Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones:

Queridos hermanos y hermanas:

1. El Evangelio relata que «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas... Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas "como ovejas que no tienen pastor". Entonces dice a sus discípulos: "La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies"» (Mt 9,35-38). Estas palabras nos sorprenden, porque todos sabemos que primero es necesario arar, sembrar y cultivar para poder luego, a su debido tiempo, cosechar una mies abundante. Jesús, en cambio, afirma que «la mies es abundante». ¿Pero quién ha trabajado para que el resultado fuese así? La respuesta es una sola: Dios. Evidentemente el campo del cual habla Jesús es la humanidad, somos nosotros. Y la acción eficaz que es causa del «mucho fruto» es la gracia de Dios, la comunión con él (cf. Jn 15,5). Por tanto, la oración que Jesús pide a la Iglesia se refiere a la petición de incrementar el número de quienes están al servicio de su Reino. San Pablo, que fue uno de estos «colaboradores de Dios», se prodigó incansablemente por la causa del Evangelio y de la Iglesia. Con la conciencia de quien ha experimentado personalmente hasta qué punto es inescrutable la voluntad salvífica de Dios, y que la iniciativa de la gracia es el origen de toda vocación, el Apóstol recuerda a los cristianos de Corinto: «Vosotros sois campo de Dios» (1 Co 3,9). Así, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una mies abundante que sólo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que siempre nos precede; por último, la adoración por la obra que él ha hecho y que requiere nuestro libre compromiso de actuar con él y por él.


2. Muchas veces hemos rezado con las palabras del salmista: «Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño» (Sal 100,3); o también: «El Señor se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya» (Sal 135,4). Pues bien, nosotros somos «propiedad» de Dios no en el sentido de la posesión que hace esclavos, sino de un vínculo fuerte que nos une a Dios y entre nosotros, según un pacto de alianza que permanece eternamente «porque su amor es para siempre» (cf. Sal 136). En el relato de la vocación del profeta Jeremías, por ejemplo, Dios recuerda que él vela continuamente sobre cada uno para que se cumpla su Palabra en nosotros. La imagen elegida es la rama de almendro, el primero en florecer, anunciando el renacer de la vida en primavera (cf. Jr 1,11-12). Todo procede de él y es don suyo: el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, pero -asegura el Apóstol «vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios» (1 Co 3,23). He aquí explicado el modo de pertenecer a Dios: a través de la relación única y personal con Jesús, que nos confirió el Bautismo desde el inicio de nuestro nacimiento a la vida nueva. Es Cristo, por lo tanto, quien continuamente nos interpela con su Palabra para que confiemos en él, amándole «con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser» (Mc 12,33). Por eso, toda vocación, no obstante la pluralidad de los caminos, requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal, como en las formas de consagración religiosa y en la vida sacerdotal, es necesario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios. Es un «éxodo que nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a él en los hermanos y hermanas» (Discurso a la Unión internacional de superioras generales, 8 de mayo de 2013). Por eso, todos estamos llamados a adorar a Cristo en nuestro corazón (cf. 1 P 3,15) para dejarnos alcanzar por el impulso de la gracia que anida en la semilla de la Palabra, que debe crecer en nosotros y transformarse en servicio concreto al prójimo. No debemos tener miedo: Dios sigue con pasión y maestría la obra fruto de sus manos en cada etapa de la vida. Jamás nos abandona. Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere conseguirlo con nuestro asentimiento y nuestra colaboración.

3. También hoy Jesús vive y camina en nuestras realidades de la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escucha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia, para comprender cuál es la propia vocación. Os invito a escuchar y seguir a Jesús, a dejaros transformar interiormente por sus palabras que «son espíritu y vida» (Jn 6,63). María, Madre de Jesús y nuestra, nos repite también a nosotros: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). Os hará bien participar con confianza en un camino comunitario que sepa despertar en vosotros y en torno a vosotros las mejores energías. La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno. ¿Acaso no dijo Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13,35)?

4. Queridos hermanos y hermanas, vivir este «"alto grado" de la vida cristiana ordinaria» (cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31), significa algunas veces ir a contracorriente, y comporta también encontrarse con obstáculos, fuera y dentro de nosotros. Jesús mismo nos advierte: La buena semilla de la Palabra de Dios a menudo es robada por el Maligno, bloqueada por las tribulaciones, ahogada por preocupaciones y seducciones mundanas (cf. Mt 13,19-22). Todas estas dificultades podrían desalentarnos, replegándonos por sendas aparentemente más cómodas. Pero la verdadera alegría de los llamados consiste en creer y experimentar que él, el Señor, es fiel, y con él podemos caminar, ser discípulos y testigos del amor de Dios, abrir el corazón a grandes ideales, a cosas grandes. «Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Id siempre más allá, hacia las cosas grandes. Poned en juego vuestra vida por los grandes ideales» (Homilía en la misa para los confirmandos, 28 de abril de 2013). A vosotros obispos, sacerdotes, religiosos, comunidades y familias cristianas os pido que orientéis la pastoral vocacional en esta dirección, acompañando a los jóvenes por itinerarios de santidad que, al ser personales, «exigen una auténtica pedagogía de la santidad, capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe integrar las riquezas de la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 31).

Dispongamos por tanto nuestro corazón a ser «terreno bueno» para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto. Cuanto más nos unamos a Jesús con la oración, la Sagrada Escritura, la Eucaristía, los Sacramentos celebrados y vividos en la Iglesia, con la fraternidad vivida, tanto más crecerá en nosotros la alegría de colaborar con Dios al servicio del Reino de misericordia y de verdad, de justicia y de paz. Y la cosecha será abundante y en la medida de la gracia que sabremos acoger con docilidad en nosotros. Con este deseo, y pidiéndoos que recéis por mí, imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.
Catholic.net

viernes, 7 de febrero de 2014

DeClausura: «torno online» con «delicatessen», artesanías y regalos de los conventos de España

¿Quién no ha probado los riquísimos dulces que se producen a diario en los monasterios y conventos de clausura españoles?

Para acercar estos variados y selectos productos a la gente nació DeClausura
(www.declausura.com), que se define como "un espacio de ayuda a monasterios y conventos para dar a conocer la belleza de esta silenciosa realidad de la iglesia".

Los pasados días 15 y 16 de noviembre realizaron en la calle general Pardiñas de Madrid un ´pop up´ o venta breve de sus productos.

"Fue todo un éxito tanto por la acogida por parte de los visitantes como por la aceptación de los productos", afirma Mónica Artacho, portavoz del equipo de DeClausura. "El número de personas que visitaron la exposición superó todas nuestras expectativas", explica. "En el evento presentamos una cuidadísima selección de productos así como productos nuevos que tuvieron una aceptación extraordinaria".

Variados productos delicatessen
En particular, fue muy bien acogida la sección delicatassen. Los visitantes se sorprendían por el diseño de los productos y la creatividad de los conventos: "Aceitunas y rocas de chocolate, palitos de naranja, mermeladas de sabores tan originales como la pera con canela o de tomate, tabletas de chocolate blanco con yogur o a la menta, nueces con miel, torta imperial bañada en chocolate... Y una amplia gama de pastas de té, hojaldres finísimos, y pastas variadas". 


La variada oferta no termina ahí. Continúa Artacho: "También les sorprendió el aceite de oliva, los pimientos dulces para cocinar o las salsas para carnes... Y el queso, ¡que desapareció volando!" Ahora que se avista en el horizonte la Navidad, no faltaron los productos más conocidos de los conventos: turrones, polvorones, mazapanes, etcétera.

Figuras religiosas de las Hermanas de Belén
Pero en los conventos no solo fabrican bienes para el paladar. También se cultiva laartesanía. En este ´pop up´, detalla Artacho, "fue increíble el éxito de las figuras religiosas de las Hermanas de Belén. Se vendieron muchísimas vírgenes preciosas de distintos tamaños y estilos, medallas de marfilina y de plata, y por supuesto los belenes".

En el evento se expusieron toda la gama de figuras de la que disponen estas hermanas. Algunos clientes se llevaron piezas de gran tamaño.

También llamó mucho la atención la parte de la ropa de bebé. "Se vendieron muchas prendas diferentes, pero lo más importante fue ver el entusiasmo con el que fueron recibidas nuestras canastillas de nacimiento que montamos a medida según presupuesto".

Cestas de Navidad Gourmet
Este mes pre-navideño lo afrontan con ilusión y con ideas nuevas: "Esta Navidad hemos apostado por las cestas Gourmet.  Al contar con una gran variedad de productos nos podemos adaptar a cualquier tipo de cestas, desde pequeños detalles hasta cestas más elaboradas".   



Y también cuidan con predilección los belenes de diferentes modelos y tamaños porque creen que cumplen con la doble misión esencial de DeClausura: venta de productos para ayudar a los conventos y monasterios y difusión de la vida de oración y contemplativa que se lleva en ellos.

"La venta de estos productos en la mayoría de los casos es fundamental para el sostenimiento de dichos conventos y monasterios, ya que es el único
ingreso
 con el que cuentan", asegura Artacho.

Un ´showroom´ y un torno online
La iniciativa de la Fundación Summa Humanitate lleva dos años en esta labor de servicio. Cuentan con un establecimiento o ´showroom´ permanente en la calle Serrano, 143, de Madrid. Y, además, con una tienda digital o torno online en el que ofrecen su amplia gama de productos, que puedes visitar aquí.

martes, 4 de febrero de 2014

Vocación Benedictina

Un blog para ayudarte a descubrir tu vocación
 
Vocación Benedictina
Vocación Benedictina
San Benito, Patriarca de los monjes de Occidente, nació a finales del siglo V. Cuanto conocemos de su vida y obra se lo debemos a San Gregorio Magno que le dedicó el Libro II de sus Diálogos.

San Benito de Nursia fue un “verdadero gigante de la Historia” (Juan Pablo II). Su figura “resplandece fulgurante como astro en medio de las tinieblas de la noche y es honra de Italia y de toda la Iglesia” (Pío XII). Escribió una Regla de vida monástica que “es el más excelente tratado de vida ascética que ha perseverado incólume durante siglos y conserva su lozanía en el momento actual” (Cardenal Marcelo González Martín).

Nuestro Monasterio de Benedictinas vive según esta Santa Regla, eminentemente cristocéntrica.

Historia

El Monasterio de Madres Benedictinas de Cuenca fue fundado, bajo la advocación “Santa María de la Expectación”, por el Doctor Don Pedro de Vamonde, Obispo entonces de Mondoñedo, el 5 de agosto del año 1448.

La elección canónica se realizó el 14 de diciembre del mismo año. Era Obispo de la ciudad Don Lope de Barrientos.

Desde la fundación siempre se ha mantenido en él sin interrupción la vida benedictina, con la única excepción del período comprendido entre los años 1936-1939 en el que las monjas fueron expulsadas del Monasterio a causa de la guerra civil. Finalizado el conflicto, regresaron a él y comenzaron la restauración.

Hoy forman la Comunidad 44 monjas. Están dedicadas a la oración y al trabajo que realizan principalmente en la Enseñanza.
Por la oración, acogida y trabajo la Comunidad desea ser “foco de irradiación” de vida evangélica, tanto en la ciudad como en la diócesis.

Vida de comunidad

Los valores vividos en nuestra Comunidad los podríamos resumir en la siguiente máxima: “No anteponer nada al amor de Cristo”. En ella se encuentra concentrada la esencia de la vida monástica.

Ésta se desarrolla en torno a la oración y al trabajo en una comunidad fraterna donde se ayuda a buscar a Dios y donde el “buen celo” -que diría San Benito- es la ley de todas las relaciones, buscando con “acendrada caridad”, no lo que se juzga útil para sí sino para los demás, anticipándose a honrarse unos a otros, prestándose obediencia a porfía,... Todo se lleva a cabo mediante gestos sencillos de servicio mutuo, fidelidad cotidiana, atención reconocida a cada uno.

La comunidad monástica no permanece cerrada en sí misma, sino abierta y solidaria con toda la humanidad.

Visita nuestro blog en http://vocacionbenedictina.blogspot.com.es/

Inmaculado Corazón de María


La devoción al Inmaculado Corazón de María, junto con la del Sagrado Corazón de Jesús, fue promovida por San Juan Eudes en el siglo 17.

El Papa Pío VII y Pío IX sugirieron su celebración como Purísimo Corazón de María.
En 1944, el Papa Pío extendió esta devoción a toda la Iglesia fijando la celebración del Inmaculado Corazón de María el 22 de agosto, ocho días después de la Asunción.

Con la renovación litúrgica, se le restó importancia a esta fiesta para dársela a las principales fiestas marianas y, se cambió la fecha para un día después de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

San Juan Eudes, decía que el Corazón de María es la fuente y el principio de todas las grandezas y excelencias que la adornan y que la hacen estar por encima de todas las creaturas; por ser hija predilecta de Dios Padre, madre muy amada de Jesús y esposa fiel del Espíritu Santo.
Y que ese santísimo Corazón de María es fuente de todas las virtudes que practicó.

También San Antonio María Claret, fundador de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, profesó un inmenso amor a esta advocación.
Quiso que sus misioneros, salieran por todo el mundo extendiendo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Fue un profeta de Fátima, porque en Fátima la Virgen personalmente nos manifestó que Dios quería salvar al mundo, por medio de su Inmaculado Corazón.

La fiesta del Inmaculado Corazón de María sigue a la del Sagrado Corazón de Jesús. El corazón expresa y es símbolo de la intimidad de la persona. La primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: "María conservaba estas cosas en su corazón"

El corazón de María conservaba como un tesoro el anuncio del Ángel sobre su Maternidad divina; guardó para siempre todas las cosas que tuvieron lugar en la noche de Belén, o la adoración de los pastores ante el pesebre, y la presencia, un poco más tarde, de los Magos con sus dones,... y la profecía del anciano Simeón, y las preocupaciones del viaje a Egipto. 
                

Más tarde, el corazón de María sufrió por la pérdida de Jesús en Jerusalén a los doce años de edad, según lo relata San Lucas en el evangelio de hoy.
Pero María conservaba todas estas cosas en el corazón....
Jamás olvidaría los acontecimientos que rodearon a la muerte de su Hijo en la Cruz, ni las palabras que le oyó decir: "Mujer, he ahí a tu hijo". Y al mirar a Juan ella nos vio a todos nosotros. Vio a todos los hombres. Desde aquel momento nos amó con su Corazón de madre, con el mismo Corazón que amó a Jesús.

Pero María ejerció su maternidad desde antes que se consumase la redención en el Calvario, pues Ella es madre nuestra desde que prestó su colaboración a la salvación de los hombres en la Anunciación.

En el relato de las bodas de Cana, San Juan nos revela un rasgo verdaderamente maternal del Corazón de María: su atenta disposición a las necesidades de los demás. Un corazón maternal es siempre un corazón atento, vigilante.

La devoción al Corazón de María no es una devoción más. Nos lleva a aprender a tratar a nuestra Madre con más confianza, con la sencillez de los niños pequeños que acuden a sus madres en todo momento: no sólo se dirigen a ellas cuando están en gravísimas necesidades, sino también en los pequeños apuros que le salen al paso. Las madres les ayudan a resolver los problemas más insignificantes. Y ellas - las madres - lo han aprendido de nuestra Madre del Cielo.

Hoy queremos encontrarnos con María, con nuestra madre. Si recurrimos confiados a ella, ella nos va a decir qué debemos hacer y sentiremos su amor por nosotros. Ese mismo amor que Jesús tiene por cada uno de nosotros. y ella nos dirá que nos quiere, que nos quiere con toda su alma.

Pidamos a Dios que preparó en el Corazón de María, una morada digna al Espíritu Santo, que haga que nosotros, por intercesión de la Santísima Virgen lleguemos a ser templos dignos de su gloria.

Consagración al Sagrado Corazón de María

Oh Corazón Inmaculado de María, por tu perfecta comunión de amor con el Corazón de Jesús, eres la escuela viviente de total consagración y dedicación a Su Corazón.

En tu Corazón, Oh Madre, queremos vivir para aprender a amar, sin divisiones, al Corazón de Jesús; a obedecerle con diligencia y exactitud; servirle con generosidad y a cooperar activa y responsablemente en los designios de Su Corazón.

Deseamos consagrarnos totalmente a tu Corazón Inmaculado y Doloroso que es el camino perfecto y seguro de llegar al Corazón de Jesús. Tu Corazón, es también refugio seguro de gracia y santidad, donde nos vamos liberando y sanando de todas nuestras oscuridades y miserias.

Deseamos pertenecer a tu Corazón, Oh Virgen Santísima, sin reservas y en total disponibilidad de amor a la voluntad de Dios, que se nos manifestará a través de tu mediación maternal.

En virtud de esta consagración, Oh Inmaculado Corazón, te pedimos que nos guardes y protejas de todo peligro espiritual y físico. Qué nuestros corazones ardan con el fuego del Espíritu como arde tu Corazón.

Qué unidos a ti, que eres la portadora por excelencia de Cristo para el mundo, y ungidos por el poder del Espíritu Santo, seamos instrumentos para dar a un mundo tan árido y frío, el amor, la alegría y la paz del Corazón de Jesús.

Sábado posterior al segundo domingo después de Pentecostés. 

Autor: Teresa Fernández del Castillo | Fuente: Catholic.net

viernes, 31 de enero de 2014

Retos de la vida religiosa




¿Cómo recibió su nombramiento? 
- Luis Ángel de las Heras: Lo recibí abrumado por el gran respaldo y confianza de la asamblea. Lo recibí como un misterioso paso más de un camino que exige entrega de la propia vida al servicio de la Iglesia en la vida consagrada, sin ningún mérito por mi parte. Lo recibí como una llamada a colaborar, a participar, a dar gratis lo que he recibido gratis. Lo recibí también con la preocupación de poder desempeñar la tarea buscando la voluntad de Dios. Para ello hemos de escuchar lo que la Iglesia y los religiosos y religiosas esperan de CONFER, así como lo que este mundo demanda de nuestro estilo de vida y misión.

Para usted como religioso, ¿cuál es el aspecto más destacable de su vocación? 
- Luis Ángel de las Heras: No es sencillo hablar del aspecto más destacable. Hay que poner matices y siempre se queda algo importante en el tintero. Puedo decirlo con esta expresión nacida del evangelio de Juan: dar la vida para que otros tengan vida. Es la obediencia como búsqueda de la voluntad de Dios con los hermanos. Es el don del amor de Dios que se responde con decisión más allá de los sentimientos agradables o desagradables. Es la pobreza como despojamiento continuado, como olvido de uno mismo, como opción preferencial por el otro, en singular y en plural, siempre antes que el yo.
¿Cuáles serán sus principales retos al frente de la CONFER? 
- Luis Ángel de las Heras: En primer lugar tengo que decir que hemos recibido un excelente legado de la tarea del padre Elías Royón, SJ como presidente de CONFER junto a su equipo. Es el trabajo de estos últimos cuatro años y toda la historia de servicio a la Iglesia en la vida religiosa desde CONFER. Hemos encontrado un momento de serenidad, de esperanza, de comunión. Esto hay que agradecerlo sinceramente. Así, el primer reto es conservar lo que hemos encontrado. En todo caso mejorar, nunca empeorar. Después, creo que debemos procurar una tarea de equipo comenzando por el que podemos formar la secretaria, la vicepresidenta y el presidente. Por supuesto, será un reto seguir cultivando cauces de diálogo y colaboración con nuestros pastores, con los laicos, con instituciones eclesiales y sociales. Es importante hacer esfuerzos por continuar o comenzar proyectos concretos en misión compartida. Otro de los retos será favorecer iniciativas intercongregacionales. En la XX Asamblea General se nos pide con insistencia que aunemos esfuerzos, que orientemos reflexiones y acciones conjuntas. Otro reto que se vislumbra importante es ofrecer una imagen real de la vida religiosa dando a conocer más elementos positivos que no siempre se perciben: su compromiso entre los más necesitados, su deseo de servir al anuncio del Evangelio, su fecundidad espiritual, su acompañamiento a las distintas necesidades de las gentes, su fidelidad a la Iglesia. Para ello es muy importante cuidar el área de comunicación, no solo por la presencia -CONFER tiene su revista, sus noticias, su web, está en las redes sociales y se abre a los distintos medios- sino por la calidad y acierto de la misma.

¿Cómo ve la situación de los religiosos en España? 
- Luis Ángel de las Heras: La veo con esperanza, siendo consciente de las dificultades. Vivimos un momento eclesial esperanzado y la vida religiosa española participa de esa esperanza. La XX Asamblea General y las asambleas regionales en las que he participado han sido momentos de esperanza, de alegría, de expresión de un mayor deseo de exigencia al servicio de la Iglesia y de las gentes de los lugares donde peregrinamos. En estos foros se palpa el impulso del Espíritu que hace vencer las dificultades y ser creativos en medio de las limitaciones. En una situación humanamente frágil podemos descubrir la fuerza que viene de Dios y testimoniarlo humildemente. Es muy fácil -a veces resulta temerario- aventurar diagnósticos sobre apariencias humanas. Nuestra realidad tiene una dimensión de fe en Cristo Jesús que puede descolocar, enfocar o desenfocar la mirada del ser humano. Desde esta óptica se puede explicar que continuemos realizando muchas tareas a pesar de la disminución de fuerzas humanas y que la presencia de religiosos y religiosas sea signo evangélico vivo y eficaz de valor incalculable no siempre visible a los ojos mortales. Así, por ejemplo, se descubren presencias evangelizadoras de comunidades religiosas aunque no puedan realizar muchas actividades por su edad o su enfermedad.

La vida consagrada realiza una ingente labor, que repercute positivamente en la sociedad española. ¿Podría darnos algunas cifras y los ámbitos de este servicio? 
- Luis Ángel de las Heras: En España hay 35.416 religiosas y 10.895 religiosos, 300 congregaciones femeninas y 107 masculinas. En misión ad gentes por todo el mundo contabilizamos unos 14.000 religiosos/as españoles. La labor de la vida consagrada en España se da en educación, sanidad, actividades sociales, ministerios presbiterales, diálogo fe-cultura, teología, estudios universitarios. Todo con perspectiva evangelizadora. Los religiosos y religiosas realizamos la misión tanto en plataformas apostólicas exclusivas de la propia congregación, como en misión compartida con otras congregaciones y con otras instituciones eclesiales. Igualmente colaboramos con organizaciones sociales.

¿Cuál es el papel de la vida consagrada en la Iglesia de hoy? 
- Luis Ángel de las Heras: Un papel siempre antiguo y siempre nuevo. La exhortación apostólica Vita Consecrata afirma que la vida consagrada está en el corazón de la Iglesia. Desde ahí ha desempeñado un papel de ayuda y apoyo eclesial, especialmente en momentos de dificultad. Además es reconocida como un don precioso y necesario para el presente y el futuro de la Iglesia porque es parte intrínseca de su vida, de su santidad y de su misión. La Iglesia de hoy sigue siendo bendecida con este don que es para todos los religiosos y religiosas una hermosa tarea. Tarea que trasciende toda frontera para llegar donde sea más difícil y que aporta sabiduría de vida siempre a la escucha del Espíritu. Tarea que aporta una trayectoria probada de "hacer con otros". Tarea con larga experiencia de presencia en las periferias de este mundo que puede servir para abrir nuevos caminos eclesiales hacia los límites. Desde las dificultades que hoy percibe, el papa Francisco insiste en que seamos profetas y nos invita a "despertar al mundo". Tendremos que comenzar por nuestra propia casa: nuestras congregaciones y nuestra Iglesia.

Hábleme de las vocaciones. ¿Qué se puede hacer? 
- Luis Ángel de las Heras: Me va a permitir detenerme un poco más en este punto, no desde la preocupación, sino desde una ocupación serena y confiada. Se está haciendo mucho y bien y se puede seguir haciendo más. Entre otras cosas, creo que se pueden conjugar, cada vez con más soltura, tres verbos: agradecer, valorar y regalar [tiempo]. Agradecer. Ante todo la gratitud por la vocación a la vida religiosa. Los religiosos y religiosas bien podemos alegrarnos cada día dando gracias a Dios por la vocación recibida. Por otra parte, hay que agradecer y reconocer el gran trabajo que han realizado y realizan tantos religiosos y religiosas en pastoral vocacional. Sin duda ha contribuido a formar una conciencia en la Iglesia de lo que significa la opción vocacional de vida cristiana bien discernida y, de manera particular, para la vida consagrada. También hay que agradecer a Dios las vocaciones a esta forma de vida, pocas o muchas. Si son muchas el agradecimiento es espontáneo. Pero también hay que agradecerle la experiencia de escasez. Dios nos está hablando ahí: ¿Nos está exigiendo más coherencia? ¿Nos está purificando? ¿Nos está invitando a poner la confianza en Él más que en las fuerzas humanas de número y juventud? ¿Nos está urgiendo a una praxis de misión compartida bien desarrollada? Con el agradecimiento superaremos la tentación de la nostalgia, de la queja o de la autocompasión y podremos mostrarnos alegres y esperanzados para invitar a quienes acompañamos desde nuestros carismas y tareas apostólicas a responder a la llamada de Dios, que sigue enamorando. Valorar. Agradecer la llamada que hemos recibido nos ayuda a valorarla y a creer más en nuestra forma de vida en la Iglesia en medio de cualquier dificultad. Todos nuestros fundadores fueron expertos en afrontar y superar situaciones adversas. A veces se dice que no hay vocaciones a la vida consagrada porque no somos coherentes o porque nuestras comunidades no son testimonio de vida que contagie entusiasmo. Evidentemente cuando se da esto nos falta atractivo vocacional. Pero no es la única razón de la escasez de vocaciones. Hay comunidades religiosas de personas consagradas admirables, entregadas a Dios y a los hermanos, coherentes y entusiastas, bendecidas con muchos dones, pero no con vocaciones para su carisma y misión. Obviamente no tenemos que ser mejores para tener vocaciones, sino para ser fieles a esta vida de seguimiento de Jesús y dichosos en ella. Conviene recordarlo. Regalar tiempo. Convencidos de que Dios sigue llamando, entregados a esta vida a la que Él nos ha convocado, debemos estar dispuestos a dar nuestro tiempo pacientemente, desde nuestros planes y proyectos, pero también más allá de ellos, estando cerca de la gente, buscando con cada persona la voluntad de Dios para su vida, que será su propia felicidad. Hay que "perder" tiempo con la gente en cualquier tarea apostólica. Pero en clave vocacional hay que tener un plus de generosidad en la entrega de nuestro tiempo. Tiempo para escuchar, tiempo para llevar al encuentro con Cristo y con su Palabra, tiempo para invitar al compromiso de vida. Tiempo precioso para que cada persona encuentre su camino vocacional de respuesta al Señor en la Iglesia.

Después del Concilio Vaticano II, algunos han hablado de crisis en la vida consagrada. ¿Está de acuerdo? ¿De qué tipo de crisis se trata? 
- Luis Ángel de las Heras: Quienes han analizado el impacto de la doctrina conciliar del Vaticano II sobre la vida religiosa coinciden en que se abrió una nueva comprensión de esta forma de vida dentro de la Iglesia. Esa novedad lógicamente trajo su crisis, con desiguales consecuencias, algunas de ellas positivas, puesto que la crisis es factor tanto de riesgo como de posibilidad. Hay quienes realizan análisis simplistas o superficiales de esta crisis y sus consecuencias. Como ocurrió y sigue ocurriendo en toda la Iglesia el fenómeno es complejo y profundo. Algunos testigos privilegiados del Concilio y su recepción señalan una crisis de identidad y pertenencia en la vida religiosa. Crisis de identidad, de sentido, de significatividad, de desorientación que propició un individualismo exagerado, hizo peligrar el entusiasmo por los proyectos comunitarios y llevó también a un debilitamiento en la vida de fe. Esta crisis de identidad trajo otra de pertenencia con rupturas dolorosas, pero también con búsquedas fecundas de autenticidad. Y en medio de esta situación hubo y sigue habiendo esfuerzos eficaces por revitalizar la vida espiritual, por reforzar la vida comunitaria, por abrir nuevos caminos para realizar compromisos evangelizadores de frontera. Así pues, crisis sí, con confusión y desorientación, pero con renovación y búsqueda de autenticidad también, como ha ocurrido en las otras formas de vida dentro de la Iglesia.

Francisco, antes de ser elegido, era miembro de la Compañía. Es decir, conoce bien la realidad de la vida consagrada. ¿Qué espera del nuevo Pontífice? 
- Luis Ángel de las Heras: El papa Francisco conoce por propia experiencia la vida consagrada. Así lo ha manifestado indicando las exigencias, los retos y los gozos para esta forma de vida en la Iglesia. Espero del papa Francisco que siga siendo un buen transmisor del mensaje de Jesús, que siga recordándonos la necesidad de ir a lo esencial de nuestra fe en Cristo vivida en la Iglesia, que siga alentando a todos sin excepción, que haga una justa y necesaria memoria cotidiana de los pobres. Por supuesto, por su conocimiento de la vida consagrada desde dentro espero la luz de padre y maestro que ya ha demostrado que nos puede aportar. Todo ello con firmeza y veracidad puesto que es el primero en hacer lo que dice. Pero espero que cuanto escuchamos y vemos a través de él nos haga encontrarnos verdaderamente con el Señor. Desde este encuentro podremos dar sentido, comprender y secundar los gestos y las palabras del Papa. Esto es una urgencia para quienes hemos sido llamados, por la práctica de los consejos evangélicos, a seguir con más libertad e imitar más de cerca a Jesucristo.

Recién clausurado el Año de la Fe, el papa Francisco ha anunciado que el 2015 estará dedicado a la vida consagrada. Sin duda, será un momento importante para reflexionar sobre los retos que tienen los religiosos en el mundo actual. ¿Cómo han acogido esta iniciativa del Santo Padre? 
- Luis Ángel de las Heras: Hemos acogido la iniciativa como un regalo y un gran reto. En el mensaje de Navidad de 2013 invitábamos a preparar ese año de gracia de 2015, con gratitud y confianza, ya en este 2014. En CONFER estamos pensando cómo podemos colaborar en la celebración de este acontecimiento y tenemos alguna iniciativa en preparación ahora mismo. Nos sentimos alentados por el Papa y, al mismo tiempo, comprometidos a dar lo mejor de esta vida para que toda la Iglesia pueda vibrar con este seguimiento apasionante de Cristo como constructores de una comunión transformadora de este mundo -herido y sufriente- en el Reino de Dios.

Finalmente, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a la sociedad en general? 
- Luis Ángel de las Heras: Que conozcan mejor, amen y valoren la vida religiosa, que está en el corazón de la Iglesia. Que piensen en ella, que recen por ella. Que aprecien su humilde generosidad en el compromiso que realiza en las fronteras de este mundo. Que nos exijan fraternalmente, puesto que necesitamos convertirnos y crecer en nuestra entrega a Dios y los hermanos. Que se alegren de esta forma de vida que, como todo lo que viene de Cristo y del Espíritu, no quita nada y lo da todo. Que vean la vida consagrada como una buena noticia cargada de alegría, que hace cotidiana la pasión por Dios que es pasión por la humanidad.
Autor: Iván de Vargas (Zenit.org) |
 Fuente: www.confer.es

Entrevista con el padre Luis Ángel de las Heras, sacerdote claretiano que ha sido elegido presidente de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) 

sábado, 2 de febrero de 2013

Jornada por la Vida Consagrada 2013

El día 2 de febrero es la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo de Jerusalén (cf. Lc 2, 22-40), conmemoración litúrgica popularmente llamada la candelaria.
Desde el año 1997, por iniciativa del beato Juan Pablo II, se celebra ese día la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, y los consagrados, con su modo carismático de vivir el seguimiento de Jesucristo, son puestos en el candelero de la Iglesia para que, brillando en ellos la luz del Evangelio, alumbren a todos los hombres y estos den gloria al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).
En el presente Año de la fe convocado por el papa Benedicto XVI, la vida consagrada, en sus múltiples formas, aparece ante nuestros ojos como un signo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo, expresión tomada de la carta apostólica Porta fidei (n. 15) y lema de dicha Jornada.

jueves, 10 de enero de 2013

Tentaciones del Consagrado


El consagrado, de manera particular, ha hecho una elección por Dios y por sus cosas y un compromiso en el servicio de los demás. Ha entregado su corazón totalmente a Dios y ha abandonado su antigua manera de vivir para hacerlo ahora respondiendo al llamado de Dios. Por esta entrega total al servicio de Dios, experimentamos en nuestras vidas tentaciones que nos tienden a llevar al desánimo y cansancio.
Ø La compensación: Gran tentación que puede venir al corazón, sin darnos cuenta. Para nosotros los seres humanos es muy difícil dejar las cosas tangibles por el Dios invisible. Nos cuesta experimentar “vacío” de lo humano para llenarnos sólo de Dios. Y cuando sentimos vacío inmediatamente queremos “llenarlo” y podemos dejarnos absorber por el trabajo, o por el ministerio convirtiéndose este en lo más importante....
Ø El cansancio: pensar que se trabaja en vano; que los esfuerzos no dan fruto; que es inútil todo lo que hacemos... Nos lleva al desánimo.
Ø Los juicios: dejándonos seducir por nuestro orgullo y juzgamos a los demás en todas sus acciones. Podemos pensar que nosotros lo hacemos mejor....
Ø Vernos como víctimas de los demás: dejándonos llevar de nuestro amor propio, apartando los ojos de Cristo y poniéndolos en nosotros mismos con cuidado excesivo....
Ø Trabajar y descuidar la oración: poniendo el trabajo en el lugar más importante, descuidando nuestra relación con el Señor quien es la fuente de nuestro apostolado. De nuestra oración sacamos las fuerzas necesarias para nuestro ministerio.
Ø El ser intolerante con los demás: cuando se trabaja con las personas podemos tomar la posición de intolerancia, no sobrellevando las debilidades de nuestros hermanos sino, por el contrario, convirtiéndonos nosotros en grandes pesos para sus corazones.

¿CÓMO PREVENIR LAS TENTACIONES?
Fue el mismo Jesús quien nos dio la “fórmula” para prevenir las tentaciones, en el momento en el que su Corazón estaba siendo traspasado espiritualmente, en el momento en el que el demonio “regresó” para tentarle. “Velad y orada para que no caigáis en tentación” (Mt 26:41)
Vigilancia: Debemos andar con gran cuidado y vigilancia sobre nuestro propio corazón, sobre sus movimientos y afectos; sobre nuestros pensamientos y deseos, sobre nuestras palabras y acciones, sobre nuestros sentidos e imaginación y estar en guardia contra nuestros enemigos exteriores, el mundo y el demonio. El demonio nunca se cansa de buscar la oportunidad propicia para hacernos caer en tentación y es por esto que nosotros nunca podemos dejar de estar en plena vigilancia. Huir de todas las ocasiones que pudiesen convertirse en ocasiones peligrosas. Tener un dominio de nosotros mismos, especialmente el sentido de la vista y la imaginación por donde entran todas las cosas al corazón.
La Oración: es necesario que nos mantengamos en el estado de gracia y sólo lo podremos hacer teniendo una profunda comunión con el Señor. Sólo el Señor puede darnos las gracias necesarias para resistir en los momentos de tentación. Por medio de la oración alcanzamos el discernimiento espiritual necesario para poder conocer y detectar las insinuaciones y trampas del demonio y las debilidades de nuestra carne.
**Al percibir la tentación no debemos inquietarnos sino tratar de mantener la serenidad y tranquilidad de ánimo. Cuando nos agitamos no somos capaces de ver son claridad y somos presa fácil de la tentación. Hemos de alegrarnos cuando somos tentados como nos dice el Apóstol: “Considerad como un gran gozo, hermanos míos el estar rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento; pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros sin que dejéis nada que desear.” (St. 1:2-4).
**Desde el principio de la tentación hemos de revestirnos de fortaleza y resolución, y en ningún momento hemos de “dialogar” con la tentación sino al contrario hemos de rechazarla con un rotundo “NO”. “Debemos vigilar especialmente al principio de la tentación, porque entonces es más fácilmente vencido el enemigo, cuando no le dejamos pasar la puerta del alma, y se le sale al encuentro fuera del umbral, al instante que llama.” (Imitación, Lib. I cap. XIII)
**Orar y pedir la asistencia de la Santísima Virgen María, de nuestro Ángel de la Guarda y de los santos.
**Hacer la señal de la Cruz y usar agua bendita, pronunciar los nombres de Jesús y de María....
FRUTOS:
“Las tentaciones son muchas veces utilísimas al hombre, aunque sean graves y molestas, porque en ellas es uno humillado, purificado y enseñado” (Imitación, Lib. I cap. XII).
Las tentaciones mantienen nuestro corazón en:
• La humildad, porque no damos cuenta de que frágiles y pequeños somos y cuánto necesitamos del Señor;
• Vigilancia, nos hace estar prevenidos, alertas a los movimientos de nuestro corazón.
• Purificación, nos llevan a purificarnos de nuestros pecados.
• Compasión, porque nos permiten tratar benignamente a nuestros hermanos que también padecen tentaciones.
• Atención a Dios, acudiendo a Él con frecuencia cuando nos vemos asediados por las tentaciones.
• Sobriedad
• Dominio Propio
Nos hacen crecer en virtud: 
Las tentaciones nos prueban en la virtud, ya que la virtud que no es probada no tendría mérito ninguno. Y cuando somos probados en la virtud esta crece en nuestro corazón y se enraíza como cuando un árbol es golpeado por el viento y sus raíces se hacen más profundas y fuertes. San Basilio nos dice: “¿Dónde descubre su habilidad el piloto sino en la tempestad? ¿Y el atleta su vigor sino en el estadio? ¿Y el soldado su valentía, sino en el combate? Pues así también el cristiano ha de probar la fidelidad de su amor para con Dios, y la verdad y estabilidad de su virtud entre los combates de las tentaciones.×
“¡Feliz el hombre que soporta la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman.” (St. 1:12)
Nos hacen crecer en el amor:
La tentación nos hace demostrar al Señor nuestro amor y fidelidad. El amor se prueba en el dolor y en el sufrimiento y cuando somos tentados y resistimos la tentación le mostramos al Señor cuánto le amamos. Él porque nos ama permite que seamos tentados: “Porque eras agradable a Dios fue necesario que la tentación te probara.” (Tob. 12:13).
Tanto en las tentaciones graves como en las pequeñas, San Francisco de Sales nos dice: “Después de haber hecho un acto de la virtud directamente contraria, si cómodamente se conoce la calidad de la tentación, volver sencillamente el corazón a Jesucristo crucificado, besando sus sagrados pies, por medio de un acto de amor. Este es el mejor modo de vencer al enemigo, tanto en las tentaciones pequeñas como en las grandes; pues como el amor de Dios contiene en sí todas las virtudes, y aún con más excelencia que ellas mismas, es también el mejor remedio contra todos los vicios; y acostumbrado el espíritu a recurrir en todas las tentaciones a este asilo común, no tendrá que mirar o examinar qué tentaciones padece, sino acudir, apenas se siente agitado, a este gran remedio, el cual, además de lo dicho, es tan formidable al espíritu maligno que cuando ve que sus tentaciones nos incitan al amor de Dios deja de tentarnos.” (Vida Devota, parte 4, cap. IX).
Que los Corazones de Jesús y de María, corazones que nunca pudieron ser tocados por el pecado ni la tentación, sean para nosotros un refugio seguro y el lugar donde aprendamos a resistir por amor todas las pruebas para que un día podamos recibir la corona de gloria que no se marchita.
Gal 6:1-10
Hermanos, si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes, los que están animados por el Espíritu, corríjanlo con dulzura. Piensa que también tú puedes ser tentado. Ayúdense mutuamente a llevar las cargas, y así cumplirán la Ley de Cristo. Si alguien se imagina ser algo, se engaña, porque en realidad no es nada. Que cada uno examine su propia conducta, y así podrá encontrar en sí mismo y no en los demás, un motivo de satisfacción. Porque cada uno tiene que llevar su propia carga. El que recibe la enseñanza de la Palabra, que haga participar de todos sus bienes al que lo instruye. No se engañen: nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra: el que siembra para satisfacer su carne, de la carne recogerá sólo la corrupción; y el que siembra según el Espíritu, del Espíritu recogerá la Vida eterna. No nos cansemos de hacer el bien, porque
la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos. Por lo tanto, mientras estamos a tiempo hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.
Hna. María José Socías,sctjm
http://www.corazones.org/default.htg/ensenanza_sctjm/las_tentaciones_medios_para_crecer_en_santidad_amor.html

martes, 8 de enero de 2013

Forzar la contemplación


Hay épocas en el desarrollo de la vida espiritual de las personas…, en que por razón de un mal entendido amor al Señor, alcanzar la oración contemplativa y por ende el estado de vida contemplativo, se constituye en una especie de objetivo que hay que alcanzar a toda costa. Y como es lógico el objetivo no se alcanza, porque se olvidan de algo fundamental, y es que la contemplación es un don divino y como tal el Señor lo da a quién cree conveniente dárselo, como y cuando Él lo cree oportuno. Y ya se pueden hacer los esfuerzos que se crean necesarios y aplicar las técnicas de oración que se hayan leído, que nada se consigue, entre otras razones porque la única técnica que se debe de emplear en la oración es amar, ser humildes en nuestras pretensiones y esperar pacientemente. 40 años estuvo esperando Santa Juana Chantal, fundadora de la orden de la Visitación, a tener, no ya un momento de contemplación, si ni siquiera una simple consolación.
           
 Se lee mucho sobre la contemplación y llega un momento que uno piensa que la contemplación, es el no va más de la oración y de la vida espiritual y que hay que llegar a ella, cueste lo que cueste. ¡Qué gravísimo error! Nos olvidamos de algo tan fundamental, como es la aceptación de la voluntad de Dios y que la oración contemplativa, solo se adquiere, si Él estima que nos es conveniente ser contemplativos, y si no lo estima, aceptemos humildemente su decisión y no tratemos de forzar su voluntad, porque Él nos ama mucho más de lo que nosotros podemos amarnos a nosotros mismos. El otorga la contemplación a quien cree conveniente, y si no nos la otorga, estar seguros de que algo mejor nos tiene preparado. Paciencia, sobre todo paciencia amarle, pase lo que pase y nos envíe los que nos envíe, o no nos envíe lo que creemos que ha de donarnos.
            
Estamos acostumbrados a lo que ocurre en la vida humana, donde a una acción determinada siempre viene una reacción inmediata y nos creemos que igual ocurre en la vida de nuestra alma. En este mundo material, si un joven estudia cinco años de una carrera universitaria, hace después un doctorado, y adorna los conocimientos adquiridos, con un par de masters, fuera de España, tiene garantizada la papanata admiración de sus conciudadanos, que creen que este joven ha llegado al sumun  de conocimientos para andar por este mundo. Se olvidan de que hay otras muchas personas que sin carrera universitaria, están más capacitados, para andar por este mundo en su aspecto material, que el que solo ha hecho otra cosa que estudiar y no  ha tenido ningún contacto con la dureza de la vida real.
            
En la vida espiritual, no hay que cumplir unos determinados requisitos ni superar unas pruebas, para que alcancemos la titulación de contemplativos y ello es así, en atención a una serie de principios que no hemos de olvidar. El principal de ellos ya lo hemos mencionado: “La contemplación es un don” y como tal, su adquisición solo depende de que el Señor estime oportuno concederla y no del cumplimiento de unos determinados requisitos. Solo hay que hacer una cosa y esa es amar y amar mucho y ante todo  al Señor y por ello solo hay un camino para seguir, que es el de amar y pacientemente esperar con perseverancia.
          
  Se lee en escritos y tratados de oración, que es fundamental vaciarse uno interiormente, porque Dios no acude a un alma nada más que cuando esta está vaciada de todo apego mundano. ¡Claro! no va a acudir a un alma que vive continuamente en pecado sin arrepentirse. Pero es el caso de que si habitualmente vivimos en gracia de Dios, Él está ya inhabitando en el interior de nuestra alma y no acude a nosotros porque hagamos esfuerzos por vaciarnos interiormente, porque ya está ahí. Desde luego que la Santísima Trinidad mora de distinta forma, en toda alma en estado de gracia. A este respecto Santa Benedicta de la Cruz –Edith Stein- nos dice: “Verdad es que Dios en todas las almas mora en secreto y encubierto, que de no ser así, no podrían ellas subsistir. Pero “en unas mora solo, en otras no mora solo; en unas mora agradado y en otras mora desagradado; en unas mora como en su casa mandándolo y rigiéndolo todo, y en otras mora como extraño en casa ajena, donde no le dejan mandar ni hacer nada. El alma donde menos apetitos y gustos moran, es donde Él más solo y agradado y más como en casa propia mora, rigiéndola y gobernándola y tanto más secreto mora cuanto más solo”…. Ni el demonio ni el entendimiento del hombre pueden saber ni sospechar lo que allí pasa, más para la misma alma no es cosa tan secreta, porque siempre siente en sí este abrazo”. En este mismo libro escribe también la santa carmelita descalza: “El alma vive su vida de gracia, por el Espíritu Santo, ama en Él al Padre, con el amor del Hijo y al Hijo con el amor del Padre. Este participar de la vida trinitaria, puede realizarse sin que el alma experimente en si la presencia de las divinas personas. De hecho solo un reducido número de elegidos es el que llega a la percepción experimental de Dios trino en el fondo íntimo de sus almas”.
            Hacer esfuerzos por vaciarnos interiormente, para conseguir la contemplación, si logramos vaciarnos, es querer forzar la voluntad del Señor. Religiosos católicos misionando en la India, quizás por un síndrome de Estocolmo han cometido el error de querer aplicar técnicas hindúes al ejercicio de nuestra oración. A este respecto Jean Lafrance escribe: “Me maravilla hoy el ver a tantos religiosos y religiosas, que corren detrás de todas las técnicas orientales (que no desprecio) para aprender a orar. Si quieres encontrar modelos de auténticos contemplativos, no te fijes demasiado en los sufíes o hindúes; mira a tu perro; él te esclarecerá de una manera más sencilla y concreta sobre lo que Dios espera de ti, que es muy sencillo pero también muy humillante. Es verdaderamente humillante ser un pobre perro, que no puede hacer nada para salir de la situación: no puede más que esperar, echarse ante la puerta y gemir…. Pero ¡que alegría cuando la puerta se abre!, Su larga espera se ve recompensada”.
            
Y en otro libro vuelve sobre este tema y nos dice: “Te quejas a menudo de no poderte concentrar; y eso es precisamente lo que no hay que hacer en la oración: ni dispersarse ni concentrarse. En el mundo de la oración hay que desterrar la concentración. Seguramente has visto a los jugadores de ajedrez o de tenis concentrarse; al cabo de una hora o dos, no pueden más de fatiga. Ante el Santísimo Sacramento te sentirás tentado de concentrarte de esta manera y por eso te quejas de que tienes distracciones. ¡Gracias a Dios! Peor sería lo contrario. Esa es la diferencia diametral que existe entre los místicos cristianos y los sufíes o los hindúes. Míralos tienen ciertamente conciencia de ser contemplativos, concentrados en si mismo, mientras que la contemplación cristiana es el descentramiento de sí sobre Dios. Me preocupa el éxito de los métodos orientales entre los cristianos, pues se sitúan en las antípodas de la verdadera contemplación. En la oración cristiana, la concentración viene de Dios y no de ti”.
            
Para Pedro Finkler: “Se impone, por tanto, un esfuerzo de discernimiento. El yoga es yoga; la meditación trascendental es una cosa, y la meditación cristiana, la oración personal del cristiano es algo sustancialmente diverso de esas prácticas del misticismo oriental pagano. La oración y la contemplación cristianas miran al encuentro con Dios en la Santa Humanidad de Jesucristo, dentro de la persona. En cambio las prácticas de la mística pagana ni miran al antedicho objetivo ni tienen medios para realizarlo. Es pura ilusión querer rezar por medio de estas técnicas y prescindiendo de la Palabra de Dios”.
           
 En resumidas cuentas, solo hay un camino que es el del amor. Amar y esperar con perseverancia aceptado en todo momento la divina voluntad y si el Señor no nos considera dignos de orar contemplativamente, no pensemos que por ejemplo Santa Teresa vivía continuamente en estado de contemplación. Todos somos criaturas con almas tan diferentes como lo son nuestros cuerpos y cada uno sentirá la contemplación si le llega de forma diferente. Es más hay personas que oran contemplativamente y aún no se han enterado de que son contemplativos.
Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.
Autor: Juan del Carmelo
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=24525

viernes, 4 de enero de 2013

Vita Consecrata. Exhortación apostólica Juan Pablo II


Exhortación Apostólica Postsinodal Vita Consecrata del Santo Padre Juan Pablo II al Episcopado y al Clero, a las Ordenes y Congregaciones Religiosas, a las Sociedades de Vida Apostólica, a los Institutos Seculares y a todos los fieles sobre la Vida Consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo.


jueves, 3 de enero de 2013

10 Secretos de la Navidad para una sociedad posmoderna


La Navidad es inagotable. Después de dos mil años, sigue ilusionando a los niños, inspirando a los artistas, arrobando a los místicos y movilizando al mundo entero. Basta recorrer las principales avenidas y comercios del orbe a partir de noviembre para sentir la fuerza del fenómeno. Y esto en una cultura que es llamada ya por muchos "post-moderna"; es decir, que dejó atrás la modernidad y se ha vuelto "ultramoderna", sobre todo por su dominio técnico y científico, su estructuración geopolítica y social y su configuración global.

En esta nueva edad de la humanidad, contrasta cada vez más la celebración de la Navidad con la tradición de la Navidad. Las tradiciones, en general, están muy devaluadas. Se ha difundido la idea de que son algo que se hace sólo por costumbre, inercia o imposición social o religiosa. Muy al contrario, las tradiciones son como las mejores prácticas de la humanidad, amasadas en forma de costumbre o recurrencia, precisamente para que no se pierdan. Las tradiciones tienen un núcleo interior, un sentido profundo que inspira y da significado a la celebración exterior.

La celebración de la Navidad, sin embargo, está siendo cada vez más superficial y material. Y a medida que se va imponiendo un modelo pagano y comercial de celebrarla, se va perdiendo su riqueza profunda y su encanto. Hacen falta nuevos puentes entre tradición y postmodernidad. Sin duda, hay muchos elementos que depurar en ciertas tradiciones. Pero es preciso redescubrir el valor de las sanas tradiciones, si no queremos perder irresponsablemente riquezas atesoradas por la humanidad a lo largo de siglos y milenios.

La Navidad es la tradición por excelencia. Aunque inmediatamente hay que aclarar que la Navidad es mucho más que una tradición. Es un acontecimiento. Un evento histórico o, mejor, "metahistórico", en el sentido de que rebasa, desborda y envuelve la historia misma, iluminándola y dándole su pleno significado. Por eso, la Navidad jamás será obsoleta. Y por eso también hoy tiene tanto que decirle a nuestra cultura postmoderna. Las siguientes reflexiones son sólo un botón de muestra.


1. El secreto del burro y el buey: la calma

La nuestra es una sociedad apresurada. No tenemos tiempo para nada. Parecemos "malabaristas" de la existencia: sentimos la presión de mantener muchos roles y responsabilidades en el aire y la limitación de contar sólo con "dos manos".
Y se nos nota: la prisa nos apremia; y también nos maltrata. Más allá de los estragos del stress, tan bien documentados, a veces cometemos errores muy básicos por no dedicarle a cada cosa su tiempo. No hace mucho, al bajar del coche, por la prisa, cerré la puerta sin estar "completamente fuera". ¿El resultado? Un dedo "machucado" y algunas estrellas.

El burro y el buey, siempre presentes en los nacimientos, tienen un secreto que ofrecernos: la calma. La tradición de colocar estos dos animales junto al pesebre del Niño Jesús no es ornamental. Tiene fundamento bíblico: "Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo", escribe el profeta Isaías (1, 3).

Recuerdo el gesto sereno y apacible del burro y del buey del nacimiento que poníamos en casa. Dos modelos humanos difícilmente hubieran podido expresar tanta calma. El burro y el buey simplemente "están". No se mueven. No caminan. No se marchan. No tienen ninguna prisa.

La calma supone saber estar donde se debe estar en cada momento. Claro, supone también una buena organización personal y claridad de prioridades. Si quieres calma -parecen decirnos estos animales- dale prioridad a Dios. Ellos reconocieron en el Niño Jesús a su "dueño y amo". En otras palabras, no tenían otro lugar mejor donde estar en ese momento. Si Dios fuera siempre nuestra prioridad, y le dedicáramos tiempo a la oración, al trato con Él, seguramente tendríamos más calma. No por tener menos cosas que hacer, sino por hacer las que realmente importan. Por lo demás, el tiempo no existe ni importa cuando estamos con aquellos que amamos.

"Ustedes tienen el reloj; nosotros tenemos el tiempo", decía un viejo beduino del desierto a un turista. Aprendamos del burro y el buey a no dejarnos presionar tanto por las manecillas. Y menos cuando estemos en oración. Nunca como entonces se puede saborear la serena alegría de estar junto a Dios en plena calma.


2. El secreto de José: la providencia

Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado racional. El concepto viene del latín "reor, ratum", que significa calcular. En otras palabras, hemos aprendido a ser calculadores. Ponderamos demasiado ciertas decisiones que podrían ser más diligentes y valientes si no miráramos tanto su precio en sacrificio o generosidad. En el fondo, además de mezquindad, el ser calculadores supone poca confianza en Dios. Lo prevemos y lo programamos todo para no poner en riesgo nuestra comodidad o conveniencia.

También José habrá hecho sus cálculos y previsiones. "Será Hijo del Altísimo", le dijo María. Y Él concluyó en su imaginación: "Nacerá en un palacio, con los mejores médicos. Viviremos con él en Jerusalén, la capital. Nos darán como casa el Templo de Salomón. Y vendrán reyes y reinas de todas partes a visitarnos. Ya no tendré que trabajar de carpintero".

Pero, ¡qué realidad tan distinta! Un inesperado censo en Belén, el nacimiento en una cueva y la huida a Egipto dieron al traste con sus ilusiones. Y después el regreso a Nazaret y una larga estancia ahí, sin pena ni gloria, para terminar muriendo carpintero. La Navidad es una profunda lección sobre la providencia de Dios, que lleva muchas veces nuestra vida muy al margen de nuestros cálculos y previsiones.

Confiar en la providencia es la actitud más realista. Nadie tiene el control total de su destino personal, matrimonial, familiar, profesional, etc. No lo tuvo José; menos lo tendremos nosotros. Y es mejor que así sea. La apertura a la providencia divina nos ubica en nuestra realidad de creaturas de un Dios que ve y actúa más allá de las circunstancias prósperas y adversas, llevando siempre las cosas en el modo que más nos conviene. Fue el caso de José; y puede ser también el nuestro si aprendemos, como él, a confiar en la Providencia.


3. El secreto de los ángeles: la espiritualidad

Nuestra sociedad se ha vuelto cada vez más física. No en el sentido científico, sino corporal. Está obsesionada por el fitness, por la "buena forma". Los gimnasios están cerca de llegar a ser el negocio del siglo. Ahora bien, cultivar el cuerpo no tiene nada de malo. El cuerpo es una dimensión esencial de nuestro ser. Como dijo el filósofo Gabriel Marcel, propiamente no tenemos un cuerpo; somos nuestro cuerpo.
Posee, por tanto, una altísima dignidad, y merece todo cuidado y atención. Cada uno es responsable del cuerpo que Dios le dio a modo de talento para dar fruto en esta vida. Baste pensar que todos nuestros actos, los ordinarios y los sublimes, entran en escena a través de nuestra corporeidad; incluso el pensar y el amar.

Pero una cosa es cultivar el cuerpo y otra muy diferente es dar culto al cuerpo. El cuerpo nunca ha de ser idolatrado. Porque nadie debe idolatrarse a sí mismo. Hoy cabría hablar de un cierto narcisismo corporal. Narcisismo condenado de raíz, como en el caso de la fábula, a una profunda frustración. El tiempo pasa y deja su indeleble huella de desgaste y debilitamiento sobre el cuerpo, por más que uno se afane en conservarlo intacto. Ninguna cirugía, ningún procedimiento, ninguna técnica -por mucho avance que haya en la materia- es capaz de evitar el envejecimiento. Y quienes van más allá de lo razonable en este campo, en lugar de envejecer con naturalidad -que es la manera "bella" de envejecer- envejecen como monstruos.

Contra esta tendencia "idolátrica" del cuerpo, los ángeles de la Navidad nos revelan su secreto: el de la espiritualidad. Ellos, que son espíritus puros, nos enseñan a valorar y a gozar la vida espiritual. A buscar no sólo una buena "condición física"; también espiritual. Después de todo, el espíritu nunca envejece. "Cada uno tiene la edad de su corazón", solía repetir el beato Juan Pablo II. Y tal vez por eso, a pesar de los achaques de su vejez corporal, mantuvo siempre un espíritu joven. Basta ver con qué facilidad conectaba con los jóvenes en las Jornadas Mundiales que él mismo protagonizaba.

A veces podemos sentir que la vida espiritual es aburrida, monótona. El canto de los ángeles en Navidad nos recuerda que la vida espiritual es siempre bella, emocionante minuto a minuto, cualquiera que sea la condición del cuerpo. No está mal cultivar la buena forma, cuidar la salud del cuerpo. Pero también -y con mayor razón- hay que cultivar el alma. Después de todo, como dice una antigua frase latina, "los rasgos del alma siempre serán más bellos que los del cuerpo".


4. El secreto de María: el silencio

Dos necesidades básicas nos definen: hablar y ser escuchados. Con el añadido hoy de la tecnología -celulares, redes sociales, blogs, chateo, etc.- la ecuación queda así: tendencia natural a hablar + tecnología = sociedadhiperparlante. Supongo que más de alguno habrá ya querido gritar desde algún punto del planeta: "¡Basta; cállense todos!".

María tiene un secreto para nuestra ruidosa sociedad: su silencio. Ella, la gran coprotagonista de la Navidad; la que tendría tanto que decir, tanto que contar, guarda silencio, medita. Según la narración evangélica del nacimiento de Jesús, en esos momentos María no dijo una sola palabra. Su silencio fue el mejor modo de acompañar el acontecimiento más grande de la historia. Ningún sonido, ninguna melodía hubiera estado a la altura del momento. Por eso, bien se ha dicho, nada es más solemne que el silencio.

Ahora bien, el silencio de María no fue estéril ni superficial. Fue el espacio fecundo para reflexionar, profundizar y contemplar: "María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lc. 2, 19). Ella entendió por anticipado lo que un psiquiatra español diría siglos más tarde: en ciertas ocasiones "la palabra es plata y el silencio es oro".

El silencio tiene capas. Hay un silencio "exterior". Importantísimo. Consiste en saber "apagar" los estímulos sensoriales. Cuánto bien nos haría a todos tener al menos 30 minutos de este silencio al día. No siempre es posible. Pero habría que saber encontrar algún remanso así a lo largo del día. Los silencios más profundos son los de la memoria, para evitar malos recuerdos y purificar el pasado; los de la imaginación, para no anticipar desgracias; los de la susceptibilidad, para no "atar demasiados cabos" y sentirnos víctimas de todo mundo, etc., etc. Adquirir la disciplina del silencio no es fácil, pero el fruto bien vale la pena. El silencio es, en cualquier caso, un guardián del alma.


5. El secreto del pueblo judío: la esperanza

Nuestra sociedad tiende al pesimismo. No sin razón. Basta hojear cualquier periódico para lamentar lo mal que están las cosas. Y así, a fuerza de tragedias y decepciones, han bajado mucho nuestras reservas de optimismo.

En el fondo, hemos perdido esperanza. Y tal vez por eso nos hemos vuelto más superficiales. La superficialidad es la enfermedad de los que no esperan nada. De los que viven en un mundo sin profundidad, sin relieve, sin montañas que conquistar ni misterios que penetrar. J.P. Sartre escribió: "La vida es una derrota, nadie sale victorioso, todo el mundo resulta vencido; todo ha ocurrido para mal siempre y la mayor locura del mundo es la esperanza". Pues precisamente, esa locura del mundo, la esperanza, fue por siglos el gran secreto del mundo antes de Cristo; el que lo puso en una sana tensión, en una espera de Dios que no fue defraudada.

Cuando esperamos algo nos polarizamos, nos cargamos de ilusión. La esperanza mete un centro de gravedad en nuestra vida, y así nos saca de la superficialidad. La espera de Cristo ha sido la más grande que el mundo ha tenido y tiene, pues ahora esperamos su segunda venida. La Navidad nos lo recuerda cada año. S. Grygiel definió la esperanza como la memoria del futuro. Conviene recordar siempre que lo mejor está por venir; que Cristo está por venir. Es el núcleo del mensaje del Adviento litúrgico.

El optimismo cristiano no es una vana ilusión; es una educación del alma. El optimista es quien ha sabido educar su mirada para descubrir lo positivo que se asoma a su alrededor. Y si la crónica del mundo no camina por donde quisiéramos, no es más que una invitación a mirar más alto. Después de todo, como diría Lacordaire, la adversidad descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir.


6. El secreto de las estrellas: la humildad

El glamur, según el Diccionario de la Real Academia Española, es un "encanto sensual que fascina". En nuestra sociedad equivale a una preocupación excesiva por la buena apariencia, por el look más llamativo. En un sentido más amplio, el glamur está presente en casi todos los sectores. Hay un glamur de los negocios, del deporte, del espectáculo, de la vida social. En todos los casos, el objetivo es brillar, impresionar, ser el centro de atención.

A esta sociedad glamurosa, las estrellas de la noche de Navidad tienen un secreto que ofrecerle: el de la humildad. Las estrellas sólo brillan en la oscuridad. Cada una brilla con su tamaño y su fulgor propio, sin complejos ni tontas comparaciones. Las estrellas brillan siempre, independientemente de si las miramos o no. Las mira Dios, y eso les basta. "No eres más porque te alaben, ni eres menos porque te desprecien; lo que eres a los ojos de Dios, eso eres", escribía Tomás de Kempis en el siglo XV.

Aquella noche de Navidad, las estrellas debieron brillar maravillosas, sin envidia de la gran estrella posada sobre la cueva de Belén. Cada una brilló lo mejor que pudo, sin sentirse menos. De haberla mirado con envidia, se habrían opacado. Porque la envidia es la polilla del talento (Campoamor). Ellas, en cambio, por su humildad preservaron su talento. Y por eso hoy, sobre una sociedad ávida de reflectores, de relumbrón y de flashazos, ellas siguen siendo, sin pretenderlo, las verdaderas estrellas.


7. El secreto del pesebre: la pobreza

Una nota novedosa de nuestra sociedad postmoderna es la ambición. Sin duda, ciertas ambiciones son legítimas. El problema es la ambición que se torna insaciable. El gran secreto del pesebre fue la pobreza espiritual, el desprendimiento interior.

Siempre he tratado de imaginar la historia del pesebre; una historia que, sin duda, fue de más a menos. Empezó siendo un tambo limpísimo, idóneo para almacenar agua, aceite o vino. Más tarde fue contenedor de combustible o de lejía. Después lo destaparon para llenarlo de grano trigo, garbanzo o maíz. Un poco más rodado y abollado, se convirtió en tambo de basura. Muchos golpes después, picado y maltratado, cuando ya no servía para otra cosa, lo pasaron por la sierra y, partido por la mitad, dejó de ser tambo y empezó a ser pesebre, en el que colocaron paja para vacas y bueyes.

Quizá nunca imaginó, rodando por la pendiente de la humillación, que llegaría a ser el primer sagrario de la historia, después de María. El pesebre nos recuerda que muchas veces se es más feliz y afortunado siendo menos que más; que el camino de la ambición no lleva a ninguna parte; y que las predilecciones de Dios tienen muy poco que ver con nuestros méritos.


8. El secreto de los Reyes Magos: la docilidad

Nuestra sociedad presume, con razón, de independencia. Pero una mal entendida libertad puede llegar a ser una falsa autonomía, que raya en la ilusión, en la pérdida de referentes morales y de criterios rectos y claros. Ciertas corrientes de pensamiento han postulado un falso humanismo, que consiste en borrar a Dios del horizonte para que el hombre pueda ser plenamente hombre. Su tesis, en resumen, podría enunciarse así: "Si Dios es, el hombreno puede ser".

Esta postura, sin embargo, constituye un verdadero drama, que inspiró el título de un libro del teólogo Henri de Lubac: El drama del humanismo ateo. Años más tarde, el Concilio Vaticano II resumía admirablemente su esencia: "La criatura sin el Creador desaparece... Más aún, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida" (Gaudium et spes, 36).

En otras palabras, cuando el hombre deja de tener por referente a Dios, se extravía en un laberinto sin salida. Es aquí donde los Reyes Magos tienen un secreto maravilloso que ofrecernos: el de la docilidad a Dios. Ellos se dejaron guiar. Fueron verdaderamente sabios al no fiarse de sí mismos, de su autonomía; al buscar fuera de sí mismos, en el cielo, la verdadera razón de su vida y el camino a seguir. Cierto, el camino fue largo y muchas veces oscuro. Pero en premio a su docilidad, encontraron al mismísimo Dios, que se hizo carne para ser hallado.

Su docilidad es una lección de sensibilidad a los auténticos valores y a las inspiraciones de lo alto. Dios nos manda señales; nos sugiere, nos invita, nos muestra estrellas que seguir. El corazón rebelde se ciega y endurece; se enferma de lo que la Biblia llama "esclerocardía" -dureza de corazón-. En cambio, el corazón sensible tiene ojos; y el dócil, pies. Así puede descubrir las "señales de arriba" y seguirlas con paciencia, sabiendo que tarde o temprano le llevarán al mejor de los hallazgos: Dios mismo.


9. El secreto de los pastores: la fe

A nuestra sociedad cada día le cuesta más creer. Es cierto, muchas certezas se han derrumbado; muchas confianzas han sido defraudadas, sobre todo en los últimos años. Por eso, más de alguno me ha dicho: "Ya no sé en qué creer".

El secreto de los pastores fue su fe. Una fe sencilla, pero viva, operante y alegre. Ellos eran, muy probablemente, hombres sin educación, sin formación, sin grandes lecturas. Pero aquella noche de Navidad fueron los hombres más iluminados de la historia. Dice el Evangelio: "Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Angel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz" (Lc. 2, 8 - 9). Eso es la fe: una luz envolvente, que todo lo ilumina: no sólo la noche, también la vida; no sólo el entorno, también el corazón.

La suya fue una fe sin cuestionamientos. Inmediatamente, sin mayor deliberación, los pastores se levantaron y se pusieron en camino. "Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado" (Lc. 2, 15).

La fe no es sólo "creer" con la mente. Es un dinamismo interior que nos pone "en movimiento". La fe cambia la vida. Nunca es estática. Porque nuestro corazón tampoco lo es; siempre busca un horizonte ilimitado. Las solas expectativas de esta vida le quedan chicas; y sus motivaciones, también.

La fe de los pastores, por lo demás, tampoco contradijo su razón. Sólo la iluminó. La llevó mucho más lejos. La abrió a una revelación que venía de lo alto. Porque, en definitiva, la fe es más una respuesta que una búsqueda. Los pastores no buscaron a Dios; sólo se dejaron encontrar por Él.

La fe desemboca en un gran sentido de lo esencial. Aquella noche, los pastores descubrieron que ya nada importaba, que sólo una cosa era necesaria: estar junto al Recién Nacido. Quien posee el sentido de lo esencial capta lo importante, busca lo único necesario, y así simplifica muchísimo su vida. Fue lo que años después diría Cristo a Marta: "Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada" (Lc. 10, 41-42).


10. El secreto de la noche de Navidad: la paz

Se diría que éste último secreto de la Navidad es la síntesis de todos los anteriores: la paz. San Agustín la definió como la "tranquilidad del orden". Según los historiadores, durante la noche de Navidad cesaron las guerras, se hermanaron los pueblos, se reunieron las familias, y parece que todo el cosmos se puso en paz. El Martirologio romano subraya este hecho cuando dice que Cristo nació "mientras reinaba la paz en toda la Tierra".

La paz es un resultado. Algo que encontramos al final del esfuerzo. Quien renuncia a la prisa, confía en la Providencia, se ejercita en la espiritualidad, vive el silencio, madura su esperanza, forja su humildad y pobreza, su docilidad y su fe, seguramente hallará paz.

Parecen demasiados pasos. En realidad, el camino no es tan largo. Porque todos estos esfuerzos son vasos comunicantes. Quien trabaja en un aspecto, termina por crecer también en los demás. No hay hombre que ore sin ejercitar su fe, su abandono en Dios, su pobreza y humildad. Por eso, más que ver una lista de tareas, tomemos al menos un secreto de la Navidad y empecemos a vivirlo con empeño e interés. Cualquiera de ellos tiene toda la virtualidad para cambiarnos la vida y mejorarla notablemente.

Y no olvidemos que el verdadero centro de la Navidad es Jesús mismo. Él es el Príncipe de la Paz, como lo llama la Iglesia. En Él y sólo en Él encontraremos la paz. En Él posemos nuestra mirada, confiada y segura. Quizá el "mundo feliz" que algunos han profetizado no es tan utópico como pareciera. Porque en realidad no se necesita quién sabe qué nivel de desarrollo científico y técnico para clonar a la gente y diseñar una perfecta ingeniería social. Si queremos una sociedad postmoderna "feliz" -hasta donde es posible en esta vida-, sólo hay que redescubrir algunos secretos esenciales, poner a Cristo al centro de cada familia y dejarlo reinar.

Después de todo, Dios sigue siendo el Señor de la vida y de la historia, aunque no lo parezca. Su victoria sobre el mal -en cualquiera de sus formas- es ya una realidad. Y, si lo acogemos, su victoria será también nuestra. O para decirlo de forma más poética, con un himno de la Liturgia de las Horas, "derrotados la muerte y el pecado, es de Dios toda historia y su final; esperad con confianza su venida; no temáis, con vosotros él está. Volverán encrespadas tempestades para hundir vuestra fe y vuestra verdad, es más fuerte que el mal y que su embate el poder del Señor, que os salvará"
P. Alejandro Ortega Trillo, L.C. | Fuente: Catholic.net